El espectro se quedó completamente sorprendido al oír aquello. No dijo nada, se acercó simplemente. El Maestro le miraba fijamente sin pestañear, con una mirada dura y fría. No sintió ningún miedo cuando el espectro se le acercó. Sabía que podía plantarle cara, no le tenía ningún miedo porque su corazón frío era su arma para no dejarse pisotear por nadie. Por eso no las vio llegar. El espectro, que durante la conversación había sacado el triángulo y lo había cortado como de costumbre, aún tenía las tijeras en su mano derecha. Las abrió un poco y cogiéndolas con firmeza, cuando estuvo a la altura del Maestro, sin desviar la mirada de sus ojos las clavó en la fría mirada del Maestro, insertando de un golpe certero cada punta en un ojo. Inmediatamente apretó con fuerza con la intención de que el metal atravesase el cerebro, provocándole la muerte. Fue un movimiento tan rápido que el Maestro no pudo reaccionar. Sólo sintió un dolor repentino y punzante, mientras que su vista se nublaba, sumiéndolo en la oscuridad. Pegó un fuerte alarido prolongado, que se fue apagando al mismo tiempo que su vida. El espectro soltó las tijeras, mientras le veía cómo el Maestro se llevaba las manos a la cara gritando de dolor y un reguero de sangre salía de las cuencas de sus ojos, empapando su cara y las sábanas de la cama. El espectro dio varios pasos alejándose de la cama, y se volvió diciéndole: “Si aún puedes oírme quiero que sepas que voy a actuar como tú, no voy a hacer nada, voy a ver cómo te quedas ahí tirado como un saco de patatas sin sentir por ti pena alguna. Ah, por cierto, y sé también que esta mañana no ayudaste a los de la oficina con mi amigo Armendi, y que no has querido saber nada de Drea. Adiós, porque no nos volveremos a ver.” Y diciendo esto se dio la media vuelta, mientras el Maestro tenía sus últimos estertores de muerte –o ya no los tenía-, y desapareció. Con el espectro desaparecieron también el trozo de papel que había caído al suelo y las tijeras, quedando en el rostro ensangrentado de la víctima las mortales heridas que aún sangraban dejando a su paso el reguero de sangre, las huellas del macabro crimen que se acababa de cometer…

CONTINUARÁ EN SECCIÓN DOS

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...

Otras entradas que te podrian interesar:

  1. El Espectro de MIKI, capítulo XV/ Sección Primera, parte I
  2. El espectro de MIKI, capítulo XV/ Sección Tercera
  3. El espectro de MIKI, capítulo XV/ Sección Segunda
  4. El Espectro de MIKI, capítulo XI
  5. El Espectro de MIKI, capítulo IX