L

A jornada del jueves transcurrió un poco agitada en la oficina. Para empezar porque hasta cinco personas tuvieron que llevar a Armendi al trabajo, ya que él mismo no estaba muy por la labor de querer ir, y gruñía incluso cuando medio a empujones lograron meterle por la puerta. El aviso lo dio Louis, primero a Loli, luego Sergio, Bea y otros compañeros fueron avisados. Armendi se encontraba bastante mal, tuvo un ataque de ansiedad por la mañana y estaba mucho más torpe que de costumbre. En la oficina, Morrison determinó tras comentarle la situación que incluso se quedasen Loli y Bea con él. Y que a la mínima de que se pusiese un poco mal, avisasen a los servicios sanitarios. Armendi esa mañana estaba descompuesto, muy nervioso, se comportaba de forma anormal. Todos sus compañeros le ayudaban a que hiciese lo poquito que pudo hacer ese día, y poco más. Había prácticamente que llevarle de un lado a otro, pues casi no podía sostenerse, y no pudo dar ni un solo paso. Le tomaban la temperatura de vez en cuando para vigilar que pudiera tener una subida de temperatura corporal excesiva, controlaban también posibles reacciones extrañas como sudores o espasmos. Ante todo estaba muy tenso, nervioso. De vez en cuando de sus ojos caían unas lágrimas. Pero nadie pudo conseguir sacarle qué había pasado. En el resto de departamentos se trabajaba con normalidad, pero todos los miembros de los diferentes equipos estaban pendientes del estado de aquel compañero que durante varios meses estaba mostrando al mundo la importancia de seguir vivo, de seguir luchando por la vida, aun en condiciones infrahumanas…

A la hora del descanso el Maestro fue donde siempre, mientras que muchos de los compañeros fueron a ayudar al resto a llevar a la cafetería a Armendi. Bea se acercó al Maestro, para preguntarle si tenía algo que contarle, el Maestro le indicó por señas que no hacía falta ese día. Bea regresó con el grupo y Sergio le comentó que habían quedado por la tarde con el Gato en una cafetería para analizar el asunto. Fue éste quien le hizo señas en la entrada de la cafetería al Maestro para que acudiese a ayudar a llevar a Armendi, aunque realmente no hacía falta tanta gente para ello… El Maestro le hizo señas como de que no se preocupase, que todo iba bien y bebió un sorbo de café. Llegaron todos a las mesas y sentaron a su compañero, que en el camino de su despacho ala cafetería dio muestras de que su fortaleza física disminuía. Todos se sentaron alrededor, pero procurando no agobiarle. Loli fue quien abrazaba a su compañero y amigo y le preguntaba qué tal. Tenía que agacharse y colocarse bajo su cabeza para que el pobre muchacho pudiese verla, pues tenía la cabeza gacha y si se la elevaban, gruñía y se negaba, balbuciendo sonidos incomprensibles. Bebió unos sorbos de agua, y Loli, que a cada momento le preguntaba qué tal y le daba besos como a un niño pequeño, consiguió entenderle primeramente algo de Vázquez. Tras varios intentos, Armendi logró decir: “Le he visto.” Otro rato sirvió para comprender que quería decir que había visto a Vázquez. Loli le preguntó cuando y dónde. Armendi pronunció como pudo las palabras “dormir” y “funeral”. Entonces comprendieron todos. El muchacho había tenido una pesadilla, había soñado con el funeral. Luego empezó a llorar, y al rato se desmayó. Loli le abrazó sin poder evitar que se saltaran las lágrimas. Bea fue a avisar rápidamente a Morrison, quien avisó a los servicios sanitarios, que fueron al despacho del joven, donde sus compañeros le llevaron, y un médico le reconocía. Todos los departamentos a excepción del despacho de Armendi reanudaron por orden de Morrison el trabajo, a espera de recibir un parte médico negativo del joven, en cuyo caso una parte de la oficina tendría permiso para acompañar al hospital a su compañero.

Mientras en la cafetería había sucedido todo eso, en un rincón, alguien, solo, bebiendo sorbos de café de vez en cuando y mirando fijamente a donde todas las personas se concentraban en torno a Armendi, contemplaba todo lo que estaba sucediendo. De nuevo en el trabajo, en la sala de debates, Sergio hizo una seña al Maestro, diciéndole que a la salida quería hablar con él. Los debates y el trabajo prosiguieron, mientras en el despacho de Armendi, los médicos le reconocían y escuchaban a Bea, Loli y otros compañeros contarles la evolución del muchacho desde que tuvo el shock. Le comentaron también que Armendi había logrado decir algo de un sueño relacionado con uno de sus mejores amigos, al que perdieron hacía tiempo…

El informe médico fue un tanto tranquilizador. Armendi estaba en un estado delicado, pero por el momento no había riesgo de peligro serio, y por tanto no se le iba a hospitalizar, aunque sí dejó un suero y una aguja a sus compañeros de trabajo, diciéndoles que en caso de que empeorase o sufriese alguna reacción seria, se le administrase el medicamento. Y que se avisase a un médico inmediatamente en tal caso.

Lo que había sucedido por la noche es que Armendi tuvo un sueño, parecido al del Maestro de hacía un tiempo. Era el funeral de Vázquez, y a causa de ello, Armendi tuvo una seria recaída en su ánimo y sus fuerzas… Y por ello se encontraba como se encontraba aquella mañana de jueves inolvidable para muchas personas… La jornada de trabajo terminó sin incidentes. Armendi recobró el conocimiento, y tras estar un tiempo sin hacer nada se intentó que escribiese algo. Al final de la jornada, cinco personas sacaron al joven de la oficina para llevarle a su casa. El Maestro se fue y Sergio, que ayudó a Bea a llevar a Armendi, no pudo hablar con él. Tan sólo recibió un mensaje en el móvil que decía lo siguiente: “Esta tarde, nos vemos con Bea y el Gato y debatimos lo del espectro. Suerte con Armendi. Hasta luego.”

* * *

Por la tarde el café de la esquina de la calle donde vivía Bea fue el escenario del dilema que durante catorce largos días tuvo en vilo a muchas personas cercanas a Maestro Filósofo. Era una personalidad muy apreciada y respetada por muchos en la zona, conocido y valorado por sus escritos. Y uno de sus colegas y mejores amigos era el Gato, con quien Bea, el Maestro y Sergio decidieron reunirse aquella tarde para aclarar todos los puntos habidos y por haber. Se saludaron efusivamente, y cuando entraban en el local, Sergio le susurró al Maestro que por la mañana le había hecho señas para decirle que acudiese junto al resto a ayudar a Armendi. El Maestro no le contestó nada, y entraron, se sentaron, pidieron unos aperitivos y unas bebidas y comentaron cosas acerca de sus respectivos trabajos, del tiempo y también de Armendi. Bea le acompañó a su casa y dijo que se encontraba igual de ánimos y de fuerzas, pero que estaba consciente. Al relatar lo del sueño que Armendi dijo que había tenido, Sergio preguntó al Maestro si tenía algo que ver con el espectro y ellos. Éste negó, diciendo no saber nada de eso.

Entonces todas las miradas se centraron en lo que el Maestro tenía que decirles, contarles al detalle la noche anterior y el encuentro con el espectro. Así pues, el Maestro, con firmeza comenzó a relatar a sus compañeros lo siguiente: “Anoche abrí los ojos de repente y le vi. Me felicitó por haber descubierto quién era el que caía. Me aseguró que el estado de Drea no influía para nada. Mostró otra vez el triángulo con los nombres y pude ver cómo lo colocaba de forma que el punto que fuese cortado es el que llevaba mi nombre. Lo cortó, y me dijo que ese es el mensaje que quería transmitirme, que mi nombre va a desconectarse del de mis compañeros y amigos. Pero no me dijo por qué ni me dio pistas, sólo me dijo: “Todo a su tiempo”, antes de desaparecer. Luego me quedé dormido…”

-Así pues-, dijo el Gato, -lo que ha querido decirte es que tú vas a perder el vínculo con Drea y Vázquez. Pero hay algo que no entiendo: Vázquez está muerto. ¿Cómo entonces vas a separarte de alguien que no existe?

-Es que hay algo más-, anunció el Maestro. Por la noche, tras irse el espectro, he tenido una pesadilla. En ella aparecíamos Drea, Vázquez, yo y alguien más a quien no he podido reconocer, de pequeños. Jugábamos en un parque.

-¿Qué?-, dijo Sergio. -¿Y quién era esa cuarta persona?

-No lo sé, es como si no tuviera rostro, no pude reconocerle, sé que iba vestido como un fraile, con la capucha sobre la cabeza y que su rostro quedaba oculto en la oscuridad. No recuerdo qué hacía esa persona ni qué significaba, lo seguro es que luego desaparecía, y en otra escena salíamos Vázquez y yo llorando, cada uno en un extremo del parque. Yo estaba solo, Drea estaba con nuestro amigo… Él y yo nos amenazábamos con los puños y nos gritábamos. Al parecer llorábamos por causas diferentes. Luego aparecieron unas imágenes de un mensaje en un ordenador y una frase que sé a lo que se refiere. Una noche Vázquez perdió los papeles y dijo algo que no debía, algo que afectó mucho a Drea. Ella me pidió ayuda y yo le dije que dejase a Vázquez hacer lo que quisiese. Ella se fue cabreada y Vázquez s sintió culpable. El hecho de que Drea se enfadase apareció en el ordenador, pero antes de ver nada más sonó el despertador y se borraron todas las imágenes-. El Maestro esperó a que los demás asimilasen sus palabras. Luego les miró como esperando alguna pregunta.

El Gato, pensativo, le preguntó qué tenía que ver su infancia. El Maestro les dijo que en algunos casos como el del enfado de Drea, tenía mucho que ver, porque él había cometido algunos errores, sobre todo con Vázquez. –Por eso pienso que quería aparecérseme a mí únicamente, tal vez para, al aparecer así, y decirme el mensaje como lo ha hecho, supongo que ha querido vengarse un poco de hechos sucedidos en el pasado.

Bea le dijo que le hablase de lo del ordenador. El Maestro les dijo: “Fue algo que pasó hace mucho tiempo. Desde ese día, Vázquez no fue el que había sido, no cambió radicalmente, pero sí que hubo entre él y yo una convivencia diferente a anteriormente. Vázquez como todos sabéis era una persona que muchas veces no ocultaba sus sentimientos, y conmigo se mostraba un poco dolido por lo que pasó. Imagino que esas pequeñas cosas le afectaron más de lo que pensaba, ya sabéis cómo era de sentimental, y por su forma de asumir las cosas. Y por ello ha querido decirme que globalmente yo no he sido una persona de confianza para él todo este tiempo. Y ahora es cuando ha querido decírmelo. En cuanto al hecho de que el punto de Drea también se separe del mío implica que en esa frase y quizás algo más que hice y que ahora no recuerdo, también quedase un poco recelosa hacia mí, aunque eso ya no lo sé, pero si Vázquez ha querido decírmelo en su mensaje será porque a ella también le ha afectado, aunque a mí nunca me lo ha dicho ni me lo ha vuelto a recordar, con lo cual estoy seguro de que ella me ha perdonado. En parte porque no se ha llevado desde entonces nunca mal conmigo y nuestra amistad ha sido de las mejores… Al menos yo lo veo así.

-Resumiendo-: Dijo Sergio. –Que el espectro ha querido decirte que no te ha considerado como un amigo de confianza durante todo este tiempo, o al menos eso es lo que crees a partir del sueño, a causa de pequeños errores que cometiste, y a causa de uno más gordo que aparece al final del sueño, Drea estuvo una vez “hipotéticamente” dolida contigo. Y para eso el espectro de nuestro amigo se te aparece durante dos semanas y te manda un mensaje avisándote de todo ello, cortando un pedazo de triángulo donde un punto que lleva tu nombre escrito en la punta es separado del segmento que une otros dos puntos, con los nombres de Drea y Vázquez, tus mejores amigos, y un grupo que desde que os conocimos habéis sido una ejemplaridad a seguir en convivencia, respeto y aprecio. Y ahora Vázquez te recuerda pequeños errores y fallos en vuestra amistad, y piensas que ha querido decirte algo que en vida nunca te dijo o te demostró.

Así es-, dijo el Maestro.

-Como conclusión, podemos sacar que tal vez pensases en tus pequeños fallos para que no vuelvas a cometerlos o para que sepas cuáles son tus errores. Bueno, creo que esta historia tan surrealista ya está zanjada…- Quien habló así fue el Gato. Mientras Bea y Sergio fueron a pagar la cuenta, le dijo al Maestro:-Ya sabes cómo era Vázquez. Ha querido decirte pequeños fallos que puedes cometer para que recapacites y los corrijas, aunque no tengan importancia, y se le ha ocurrido, ya que no pudo decírtelo en persona, hacerlo tras perder la vida, de esta forma tan maquiavélicamente macabra y con semejante juego. Porque Vázquez nunca dejó de ser un niño…

-Sí, eso mismo creo yo, amigo mío-, dijo el Maestro. –Nunca creció.

Salieron los cuatro. Afuera hacía frío. La noche se había cernido sobre la ciudad, a pesar de que aún era temprano. Los cuatro amigos caminaban por la calle, contentos de que por fin el misterio hubiera quedado resuelto. Lo que había que sacar en conclusión eran los pequeños fallos que a veces los seres humanos cometen sin darse cuenta, y que hacen una y otra vez, para asimilarlos y saber cómo no volver a repetirlos otra vez. Caminaban comentando cosas, entre humor y frases serias. El Gato le dijo al Maestro: “De todos modos, eso tendrá que confirmártelo el espectro, que es el juez, jaja.” Todos rieron de buena gana. Caminaban en medio de la noche, de regreso a sus casas, tranquilos y aliviados. El Maestro no se inmutó al darse cuenta de que el espectro podía visitarle una vez más, incluso una segunda: había descubierto el significado completo del mensaje y el espectro no tendría nada más que decirle. Todos caminaban tranquilamente excepto una persona: Uno de los cuatro pensaba que las dudas seguían ahí y había algunos puntos que no le acababan de cuadrar, y eso le inquietaba. Pero disimuló, y pensó en esperar futuros acontecimientos. Haría como si no pasara nada y les seguiría el rollo. Mientras tanto todos bromeaban. Uno miró a quien pensaba esto interrogativamente al ver un gesto de preocupación en su rostro, y la persona preocupada le guiñó un ojo, y luego sonrió. Siguieron caminando, comentando cosas hasta que se perdieron en la oscuridad de la noche y su voz fue tan sólo un susurro que se acabó apagando entre el ruido de los coches, de la música de las tiendas y del ambiente de una ciudad al final de una jornada, de un día que daba paso a la luz de la noche, de la luna y las estrellas.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...

Otras entradas que te podrian interesar:

  1. El espectro de MIKI, capítulo XV/ Sección Segunda
  2. El espectro de MIKI, capítulo XII
  3. El Espectro de MIKI, capítulo XV/ Sección Primera, parte II
  4. El espectro de MIKI, capítulo XV/ Sección Tercera
  5. El Espectro de MIKI, capítulo XI