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A nueva jornada se presentó con trabajo, como siempre. El Maestro estaba esta vez más calmado. Y no era para menos, pues la noche anterior no hubo sacado mucho en claro, sino que confirmó que Drea, Vázquez y él eran los integrantes del misterioso triángulo, y que el espectro le confirmó que no era Vázquez el nombre del punto que caía, con lo cual sólo quedaban dos posibilidades: Drea y el propio Maestro. En los debates tomó apuntes y participó activamente en los debates, como si no hubiera sucedido absolutamente nada. A la hora del descanso, sin embargo, Bea y Sergio se reunieron con él para seguir aclarando puntos oscuros en el asunto. Pidieron algo para tomar y se sentaron junto a él. Sergio le dio unas palmaditas en la espalda: “¿Cómo van esos ánimos, compañero?”
-Muy bien-, dijo el Maestro. –Tengo novedades, como ya supondréis.
Bea le miró fijamente. –Muy bien, tú dirás-, dijo Sergio tomando un sorbo de té. El Maestro comenzó así: “Ayer se apareció de nuevo. Yo le esperé, pero me quedé dormido y me despertó a las dos, tocándome la cara. Me dio la enhorabuena por haber averiguado quiénes éramos los integrantes del triángulo. Iluminó el papelito y me lo mostró para que pudiera ver los tres nombres escritos. Luego, le pregunté si el nombre de Vázquez es el punto que caía, cortó el trozo de papel, como siempre, y me dijo que había fallado. No me aclaró si Drea era quien se separaba, porque se fue en silencio, pero al menos sabemos que no es él quien cae. Y nada más por ahora…”
Bea les miró: -¿Qué nos puede indicar que sea Drea quien se separe de nosotros?- Sergio les dijo: -Estuvimos el domingo a verla, está bastante mal, y el espectro podría tener razones para darle un aviso al Maestro de que puede separarse Drea. Vázquez se nos ha ido, y Drea tiene bastantes posibilidades de…- El Maestro se calló.
-¡Un momento!- Dijo el Maestro. –No hemos contado con una cosa. Si fuera así, tiene sentido que el punto de Drea se separe del mío, pero no tiene ningún sentido que se separe del que representa a Vázquez. Recordad que el espectro corta un punto, pero los otros dos permanecen unidos. Hay que tener en cuenta todos los detalles del mensaje…
-Y de ser así sólo queda una opción-, dijo Sergio de pronto. –Si drea cae, digamos que quien se queda solo, aislado no sería Vázquez. Hay personas que creen en el más allá, y en la posibilidad de que los muertos se encuentren en otra vida. Todos sabéis a lo que me refiero.
-¿Qué quieres decir con eso?- Inquirió Bea extrañada por el inesperado giro en las palabras de Sergio.
-Pues que si eso fuese cierto, y Drea fuese a desaparecer de entre nosotros, Vázquez y ella estarían juntos en otra vida, puesto que ambos estarían muertos. Con lo cual, Drea y Vázquez representan por fuerza el segmento que les une.
-Y en la Tierra quedaría yo solo-, dijo el Maestro, como recibiendo un latigazo. –Con lo cual, el punto que cae del triángulo… He de ser yo.
-Un momento, un momento, no tan rápido, por favor-, dijo Bea. -Hay algo que no entiendo. Sergio ha dicho que a Drea puede pasarle algo, pero eso no implica que le tenga que pasar necesariamente. Y si fuese así, no veo que el mensaje del espectro quiera indicar al Maestro que Drea vaya a desaparecer. Quiero decir, que nadie va a ver al Maestro cortando un trozo de papel para decirle que una compañera suya va a desaparecer. Porque de ser así, ¿por qué precisamente te elige a ti y a nadie más?
-Eso es lógico, Bea-, dijo Sergio. El triángulo demuestra que son muy amigos, y entiendo que el espectro envíe un mensaje de aviso a la persona más cercana a ambos.
El Maestro se quedó pensativo. “no”, dijo. –Pero el fantasma no se me aparecería de la forma que lo ha hecho sólo para decirme eso. Tiene que haber algo más, algo diferente. Además, ¿Por qué a mí precisamente me escoge para decirme un mensaje misterioso de alguien que se separa de los demás? Lo de Drea no me convence, y estoy empezando a pensar que soy yo quien caigo, pero no consigo averiguar por qué ni qué tiene que ver nuestra amistad para separarme de Drea y de Vázquez.
-Pero lo de Drea…- Se adelantó Sergio.
-No es Drea,- dijo el Maestro. –A Drea no sé si le va a pasar algo o no, pero su estado nada tiene que ver con el mensaje del espectro.
-¿Entonces…?
-No sé por qué el espectro de nuestro amigo me envía ese mensaje. Simplemente sé que nada tiene que ver con el estado de Drea. Sólo sé que por descarte, es el punto que lleva mi nombre el que se separa del resto, pero no tengo ni idea de cuál es la causa o qué quiere decir exactamente…
El fin del descanso cortó la conversación. Se levantaron los tres, y de regreso a la sala de debates y exposiciones, Sergio le dijo: -Tranquilo, compañero, esta noche quizás puedas salir de dudas y mañana nos cuentas.
-Eso espero-, dijo el Maestro.
* * *
Por la noche el Maestro se acostó de forma normal y corriente, como si no pasara nada, es decir, que no se quedó con los ojos abiertos esperando al espectro, sino que los cerró, seguro de que el fantasma le visitaría, y como la noche anterior, le despertaría si estaba dormido, tocándole la cara con su sepulcral mano huesuda. A medianoche apareció el espectro. El Maestro, que no estaba dormido, simplemente abrió los ojos y le vio. El espectro estaba como siempre, aunque con menos carne que anteriormente, puesto que su cuerpo se descomponía con gran rapidez. El Maestro le dijo: “Hola, te esperaba”.
-Lo sé-, dijo una voz cadavérica: la del espectro, quien se acercó. –Y quería decirte que has deducido mi mensaje a la perfección-, Al ver el gesto de sorpresa del Maestro, completó la explicación: -en lo referente al nombre del punto que cae, que es cortado en el triángulo de papel cada noche.
El Maestro cambió el gesto, por el de seriedad más acusada en su rostro.
-Entonces quieres decirme con ello que lo que le pase a Drea no tiene nada que ver con el mensaje-, dijo con seguridad en sus palabras.
El espectro negó rotundamente con la cabeza, mientras sacaba el pedazo de papel triangular de siempre. Encendió un mechero y se lo mostró. Luego lo cogió en su mano izquierda de modo que los nombres de Drea y Vázquez formasen el lado base del triángulo, y el Maestro fuese la punta, el vértice superior de la figura. Apagó la llama y se guardó el mechero, y sin cambiar de posición el triángulo, sacó las tijeras e hizo el corte acostumbrado. Todo esto lo realizó un poco más cerca del alcance visual del Maestro, para que éste pudiera comprobar cómo el pedazo de papel que caía era el vértice de la figura con el nombre del Maestro. “esto es lo que he hecho todas las noches en el mensaje. Ahora quiero que averigües por qué y qué significa. Yo no te lo voy a decir, eso es algo que has de saber tú”, le espetó.
El Maestro le preguntó: -¿Cómo?
-Todo a su tiempo-, le dijo el espectro mientras se daba la media vuelta y se alejaba. La respuesta dejó al Maestro tan desconcertado que ni siquiera le dio tiempo a decirle antes de que desapareciera: “¡Dame alguna pista!”. Se arropó, mientras pensaba que ya habían salido todas las pistas, ya sabía los tres nombres y quién caía, y el espectro simplemente volvió para transmitirle el mensaje de nuevo y para corroborar que era el propio Maestro quien caía en el triángulo. No había más pistas, ya no quedaban indicios para averiguar el significado del mensaje, y el Maestro, sabiendo cómo había actuado el espectro, pensó que o quería jugar con él o de haberle querido dar una pista sobre el significado de semejante “separación” se la hubiera dado ya. Se durmió con una incógnita en la cabeza, una pregunta que era de esperar llegada la situación: ¿Y ahora, qué?
Los sueños rodearon la habitación y ocuparon la mente del Maestro mientras dormía plácidamente. Eran unas imágenes de tres jóvenes, tres adolescentes. Una chica y dos muchachos en la flor de la vida. Estaban jugando en un parque, hablando, riéndose. Aparecían varias imágenes de los jóvenes, había incluso una cuarta persona, imposible de descifrar o de reconocer su identidad. Aparecían los cuatro hablando, paseando, corriendo unos tras otros. En otras imágenes sólo aparecían tres de los cuatro jóvenes. El misterioso personaje no estaba. Los dos chavales estaban llorando, pero alejados uno del otro, y la chica, estaba con uno, tratando de ayudarle. Los dos varones se miraron desafiantes, alzando los puños y gritándose injurias el uno al otro. Luego apareció el espectro y corrió una especie de cortina, y los jóvenes desaparecieron. En otra imagen aparecía una pantalla de ordenador, aparecía un mensaje del Maestro escrito en ella, un mensaje referido a otra persona, o más bien una frase dicha a otra persona, y luego una frase que decía: “Ella se ha ido cabreada”. Quien recibió el mensaje estaba escribiendo una respuesta, que iba a aparecer en esos instantes en la pantalla… Y en ese momento, el despertador atronó en la habitación, el ordenador desapareció y unos ojos espectrales que contemplaban la escena desde la oscuridad también, y el Maestro despertó de su sueño pesadamente dándose cuenta de dónde estaba, de quién era, y del presente que le rodeaba. Se levantó desconcertado frotándose los ojos. Estaba en su habitación, no había ningún ordenador, ni frases, ni jóvenes ni nada. Tampoco había rastro del espectro…
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