La entrada de hoy va a romper de nuevo la línea, va a ser una entrada con polémica, como tantas otras, pero esta en exceso, pues voy a arrasar presentando a un figurón. Y dicho figurón es nada menos que de la música clásica, pero tiene que ver en todo y por todo con los metaleros y su mundo, puesto que el Maestro que voy a presentar, MAESTRO con todas sus letras, es la viva imagen de una frase muy repetida y alabada por la comunidad metalero mundial. Y por otras comunidades de otros muchos estilos musicales, pero los metaleros especialmente, por su fuerza, por la potencia e inmortalidad de su música son los que más deberían encajar en esta entrada.
La frase en cuestión es la de que la buena música y los grandes grupos, los que de verdad valen, los grandes entre los grandes, nunca caerán. Y es verdad, pero incluso muchos grupos metaleros han caído en un –en mi opinión- error, pues pretenden hacer su música inmortal basándose en el ahora inmortal Bach. El maestro alemán, hoy día considerado como el alma inmortal del barroco, no debemos olvidar que durante cerca de sesenta años fue olvidado, y por mucho que nos duela a muchos, no deja de ser un detalle el hecho de que poco después de su muerte se considerase obsoleto, y su música y su nombre olvidado. Y aunque se rescatase luego con fuerza y hoy sea lo que sea, no deja de ser significativo el hecho de que fue olvidado, como también lo fue Antonio Vivaldi, durante buena parte del tiempo. Estos dos referentes para los metaleros a la hora de componer sus canciones, los que se han basado en su música, no dejan de tener como particularidad que buscan cuando son buenos, la inmortalidad y se basan en maestros olvidados.
Los metaleros, siempre han dicho que la buena música nunca caerá, y sus autores tampoco. Y es la pura verdad, pero no en el caso de los dos autores mencionados del barroco. Hoy día muchos no le conocen. Orondo, sonriente, con esa mirada fría que se clava en los ojos de la persona que tiene enfrente, en algunos casos con un bastón en la mano, es sin duda alguna el que tiene el mando. Porque de todo el período barroco, sólo hay un autor, un solo autor que jamás ha sido olvidado, ni su nombre, ni su figura ni su música, ha sido, como soñamos todos los metaleros, el inmortal Maestro, al que en algún lugar del mundo le dedicaron una estatua, crearon sociedades a su nombre y siguieron ejecutando su música año tras año, conmemoraron su nacimiento y su muerte, casi como un espectáculo nacional. Hablo de Londres, de toda Inglaterra y del nombre de su maestro del barroco que jamás cayó en el olvido, no como sus contemporáneos.
Hoy muchos metaleros ignoran su nombre, pero el mundo entero corea muchas de sus obras con grandeza, con esa grandeza que le caracterizó siempre. Para mí todo un héroe, pues supo ganarse la vida como nadie sólo a fuerza de componer buena música, esa música que a muchos como yo, nos sedujo desde muy pequeñitos, y que siempre ha permanecido ahí. Con el paso del tiempo he ido conociendo mucho más en profundidad su música, sus diversos estilos, algunos de ellos casi desconocidos para mí, y todo ello ha sido lo que me está llevando hoy a escribir esta entrada, tras tener el sueño de poder un día inmortalizar su figura en el Blog del Historiador.
Aunque alemán de nacimiento, Georg Friedrich Haendel, nacido en Hälle, el 23 de febrero de 1685, fue lo que hoy llamaríamos un “hombre de mundo”, como los metaleros, un cosmopolita que viaja a muchos países y conoce sus costumbres, su lengua, su estilo y ante todo, lo que más buscaba una vez que decidió independizarse y buscar su pasión: la música. Conocer los estilos de cada país, qué es lo que se cocía en los espacios de música, en los salones de ópera, de música sacra, instrumental, etc. Y así se fue empapando de los diversos estilos, que luego plasmaría en sus obras con gran maestría, buscando ante todo emocionar al público. Para ello, era un buen psicólogo que sabía cómo emocionar a las personas, cómo hacer que la música y las letras expresaran todos los sentimientos humanos posibles a través de la música o del canto. Ante todo era un compositor que sabía cómo organizar algo.
Y muchos de sus coros, de sus obras presentan todo lo que muchos autores hubieran querido: Grandiosidad. Cuando Haendel escribía una nota en la partitura, el mundo entero hasta sus cimientos temblaba, que es lo que hoy día pretenden muchos grupos metaleros, que su música haga temblar al planeta entero. Por ello los relaciono más con el maestro Haendel que con ningún otro, porque su técnica es muy similar, sólo que Haendel lo hacía con otro tipo de música y en otra época, pero en la actualidad, creo sin duda alguna que Georg Friedrich sería el mayor Metalero de la historia, o podría colocarse al frente del órgano, instrumento que dominaba con una grandiosidad que estoy seguro de que en un duelo con Bach, le habría ganado, por muy poco, pero le hubiese vencido. Y al mando del órgano, montar un grupo con las divas más renombradas del mundo metalero, y los cantantes masculinos, divididos en guturales y voces naturales, y clasificados según registros, y hubiera juntado a unos cuantos guitarras y bajistas de renombre, componiendo unas obras para tal masificación de personas de una espectacularidad devastadora. Como era el contenido emocional de sus óperas, según las palabras de William Christie.

retrato de Haendel
Muchas son las anécdotas que se cuentan del genial maestro, relacionadas todas ellas con su obstinación (la cabezonería que tenemos todos los tauro, y que debería ser más propia de él, que era piscis) y su arrogancia. Se dice que era un buen vividor, pero ello no le impidió tener problemas económicos y arruinarse tres veces, pero siempre supo salir adelante, por unas causas o por otras. Fue una figura que se ganó la vida con sus obras, pero no sólo eso. El mito llegó con el hecho de que no sólo tenía que pagarse sus propios gastos, sino que tenía que pagar por el uso del Real Teatro de Londres, donde representaba sus obras escénicas, pagar el mantenimiento del mismo, pagar a una compañía de actores que representaran sus obras y a toda una orquesta que ejecutase la música. Es decir, era todo un empresario, de lo que hoy podríamos llamar “una multinacional”, como podría ser Coca- Cola, Microsoft u otra compañía de ámbito mundial. Y para ello el dinero lo tenía que sacar del dinero recaudado por las entradas para asistir a sus obras. Y para hacer que acudieran miles y miles de personas, que el teatro se abarrotase hasta los últimos rincones, y en los espectáculos al aire libre, asistieran un numerosísimo colectivo de público, tenía que hacer unas obras grandiosas, inmortales, que hicieran su fama de renombre casi internacional.
Y lo consiguió, por cuanto su nombre, no sólo dentro de Londres, sino fuera de él, fuese reconocido y admirado por gran parte de Europa, y puede que mucho más allá.
Hoy día, el nombre de Haendel es a gran escala mundialmente conocido, pero en muchos lugares existen estatuas, cuadros y placas conmemorativas a su nombre. Existe una sociedad a su nombre, como mínimo, si es que no hay más, que si no me falla la memoria, debe haber un par de ellas más. Muchas de sus obras son mundialmente conocidas, apreciadas y valoradas, y aunque hoy día nos empeñamos en poner a Johann Sebastián Bach por delante, los que conocemos y vivimos la música de Haendel a fondo sabemos que lo que Bach buscaba, hacer música que llegase a las más grandes alturas, que llegase hasta Dios, lo consiguió Haendel con su grandiosidad. Porque no hacía falta llegar a Dios, cuando el propio Haendel es un Dios. No necesitamos buscar un dios divino, habiéndolo en la Tierra, un Dios que es capaz de hacer una música tan grandiosa que todo el suelo tiembla bajo sus pies, y el Universo entero se estremece cuando suena una sola nota de su música.

Detalle de la cabeza
Se sabe que Haendel era un compositor con temperamento, no era un serio como Bach que manejaba las fórmulas matemáticas, astrológicas y místicas para hacer su música. Se centraba en pensar en cómo somos los humanos y componía para el ser humano, para sus emociones, sentimientos y deseos. La anécdota de su encuentro con Arcanuelo Corelli nos muestra a un compositor joven, pero con temperamento, que como decía, no era serio en su rostro, sino que ocultaba una media sonrisa afable, pero que sabía llegar a donde ninguno de sus compañeros pudo. Podía crear una música mucho más grandiosa que el planeta entero, que el sistema solar entero, que el Universo entero, y no precisamente llevando las armonías hasta las esferas, sino sabiendo cómo hacerlo. Dándole una grandiosidad emocional, no era un ser divino que componía para un Dios, sino un ser terrenal que componía como un ser humano. Y muchas veces un humano puede llegar a expresar mejor lo que es que lo que pudiera representar y no es. Porque Bach no es un dios, no es una fórmula matemática, no es un átomo, es un humano. De carne y hueso, y su música formularia y física quedó obsoleta cuando murió, porque no supo ser humano, como hizo Haendel.
Haendel, en la anécdota de Corelli, dirigía una obra en la que el maestro italiano era el primer violín, y no sabía cómo tocar un pasaje, que estaba en estilo francés. Pero el joven Haendel, que ya se conocía bastante Europa, le mostró cómo tocar aquello con soltura. Se sabía todos los estilos musicales, y en todo momento sabía contar con la instrumentación adecuada, con los cantantes más valorados, a los que se llevaba de calle, aunque posteriormente tuvo problemas con muchos de ellos, pero siempre tuvo un equipo escénico que supiera estar a la altura de sus obras, de una emocionalidad increíble.
Siempre he pensado que lo que realmente atrae de su música, sobre todo cuando se es muy joven es su humanidad, sus caracteres humanos, y para un muchacho o una muchacha que está aprendiendo las emociones humanas, los sentimientos y su carácter, su educación, su sensibilidad, su fuerza, y todo lo relacionado con la psicología humana, la música de Haendel es algo que refleja todo lo que hay en su interior, aunque no sepa qué es eso. Y a medida que pasa el tiempo, cuando lo descubre, ya no hay vuelta atrás.
Como en el caso de algunos grupos metaleros, los amantes y verdaderos melómanos del compositor alemán nacionalizado inglés son auténticos locos por su música, que se desviven por cada nota de sus obras. Eso es lo que estoy descubriendo yo ahora con mayor fuerza que nunca, a volverme loco por su música, a sentirla en cada uno de los recovecos de mi interior, a investigar más y más sobre su vida, sus obras, la historia de cada una de ellas, anécdotas y curiosidades de este, para mí, todo un héroe que hizo todo esto para ganarse la vida y para pagar a un puñado de músicos y actores que dieran vida a aquello que estaba escrito en sus pergaminos.
Jordi Savall, gran intérprete de la música antigua, según una reciente investigación que he descubierto, trata dos de las obras más famosas de Haendel, la música acuática y los Fuegos Artificiales, obras curiosamente de las que siempre se ha dicho que no existe una partitura específica que indique qué piezas se tocaron y se recopilaron las que se creía que se hicieron para ello de un puñado de obras instrumentales del maestro. Savall coge esta obra para hacer un estudio de cuáles fueron las piezas en cuestión y el orden que debían seguir, así como su ejecución. Y incido en Savall, porque en su momento publicaré una entrada sobre él y sus palabras acerca de qué es la música, sabias palabras, como dijo en su momento, Revontulet y apoyó nuestro compañero Historiador.
Pero volviendo a Haendel, voy a seguir contando acerca de él, de su figura y de sus obras, pues su grandiosidad tiene que estar a la altura de esta entrada, no es mi intención hacer una entrada demasiado extensa, pero sí con la suficiente información como para hacernos una idea de hasta dónde pudo llegar.

Retrato de Haendel a carbón
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Nacido en Hälle, hijo de un barbero- cirujano, su obstinación le hizo que su padre no consiguiera que hiciera la carrera de Derecho para ser abogado, sino dedicarse a la música. En un viaje que hizo el padre, yendo de camino, se dio la vuelta y vio que el pequeño Haendel le seguía, dispuesto s recibir clases de un organista llamado Zachov. Sus primeros trabajos fueron como organista, instrumento para el que según se cuenta, se batió posteriormente en un duelo musical con Domenico Scarlatti. El italiano demostró maestría en el clave, pero al órgano fue barrido por el Gran Maestro de Halle. Nunca llegó a conocer a Bach en persona, pero estoy seguro de que en un duelo al órgano entre ambos, hubiese ganado Haendel, por poco pero hubiera ganado. En 1703 fue a Hamburgo, centro operístico alemán. Pero dos o tres años después, su intención de ir más allá le llevó a Italia, de donde fue asumiendo la forma compositiva de allí. Tras empaparse de la ópera italiana, como muchos otros compositores de su época, regresó a Hannover, Alemania, para componer, pero enseguida se fue a Londres. En Inglaterra supuestamente iba a estar poco tiempo, un año o dos, pero al final dijo que no quería volver a Alemania, y comenzó a ganarse la vida componiendo óperas y obras escénicas de todo tipo, entonces comenzó su gran carrera. La que le dio la gloria y la fama. Haendel, como ya dije, es un Gran Maestro que trató de representar en su música las emociones humanas. Tras tener reconocimiento del monarca inglés y recibir ayudas económicas, los acontecimientos se sucedieron: Fundó la Royal Academy of Music, tuvo la nacionalidad británica en 1727, y tras tener diversas rivalidades con otros autores y cantantes de la época, en 1737 se hundieron sus rivales y él. Tras un ataque de infarto se retiró a Aquisgrán una temporada de descanso. Pero Haendel, tras esto, aún tenía ganas de dar guerra más de veinte años. Nunca cesó en su actividad, excepto cuando la ceguera le atacó. En 1741 compuso su última ópera, pero ya se había consagrado como compositor de oratorios, obras que siguió componiendo durante los años cuarenta del siglo XVIII. En 1751 quedó ciego, y corrigió diversas obras, y asistió a las representaciones de sus obras, que se hacían en la capital inglesa, incluidos sus conciertos para órgano, que dirigía él mismo desde el grandioso instrumento. Como él mismo, como su música. Su muerte se produjo el 14 de abril de 1759 a los 74 años de edad.

el Maestro sin peluca
Nunca olvidado, como dije anteriormente, su actividad musical estuvo llena de polémica, creo que hoy día hubiera sido uno de los líderes del Heavy Metal más destacado, por la grandiosidad de su música y por su toque metalero, aunque aún seguimos sin saber claro, qué relación hay entre Haendel y el Metal, aunque escuchando su música a fondo, descubro una grandiosidad que no tienen otros autores. Y una rapidez y una potencia en las orquestas que otros autores no conseguían. Haendel en Italia, arrebató el violín a Corelli, un maestro más que conocido, para enseñarle cómo se tocaba un pasaje de una obertura al estilo francés. Francia fue un país que visitó, y España, aunque no llegó a visitarla, sí que supo cómo era el estilo de la península Ibérica, con lo cual tenía una visión musical de media Europa, que plasmó allí donde pisaba. Fue muy amigo de Telemann y de Domenico Scarlatti, y también de Johannes Mattheson, con quien luego tuvo problemas hasta el punto de llegar a un duelo a espadas, en el que un botón de la casaca de Haendel le salvó de morir de una estocada. Durante su carrera, se cuenta que dos divas famosas de la época, Francesca Cuzzoni y Faustina Bordoni que se llevaban como el perro y el gato, típico de su época, en una obra, el maestro puso a una un papel más importante que a la otra, y en pleno concierto se llegaron a insultar, saliéndose de los papeles que interpretaban, montando el espectáculo y peleándose. Se cuenta que esto debió divertir al público, pero Haendel, que era serio en estas cosas decidió para la siguiente obra, darles a ambas un papel más equilibrado. Haendel vivió la época gloriosa de Farinelli, que trabajaba en la compañía rival, se dice que incluso le robó una partitura al maestro. En su época, los grandes cantantes de la época de toda Europa se medían en los escenarios londinenses, pues sabida y más que mundial era la fama de Haendel y sus obras escénicas, de contenido emocionalmente “devastador”, como dijo William Christie, director y especialista de música antigua barroca.
Fallecido Haendel, como ya dije, nunca tuvo olvidos, pues cada catorce de abril se celebraba en Londres una representación del Mesías, se recopiló toda su obra en cuarenta volúmenes, con lo cual podemos certificar que nos ha llegado íntegra. Su nombre, jamás borrado, siempre fue recordado, como se ha dicho siempre que es y será la música heavy, alabado por todos los metaleros, todavía inexplicablemente, el gran Haendel ha dejado una huella que, ya mucho tiempo después de haber iniciado esta entrada, puedo decir que tiene mucho de Metal, mucho de transmisión emocional, y muchos de los recursos que transmiten en su música los grandes metaleros, se ve en este gran compositor, del cual dijo Beethoven que “debería arrodillarse ante su tumba”.

Haendel
Hecha una reseña de su biografia y analizado a fondo, con sus anécdotas, incluida la de que se dice que, puesto que nunca estuvo casado, se cree que era gay. Con lo cual un apunte más para considerarle un gran revolucionario de su época que revolucionó la música, dándole en su época la grandiosidad musical y sonoridad que posteriormente buscaron afanosamente muchos autores, tratando de conseguir orquestas más grandes y de sonoridad más espectacular. Haendel era mucho más sencillo que sus contemporáneos a la hora de componer, no se basaba en estructuras complicadas, sino que buscaba más la emocionalidad en una música más lineal, más veloz, más ligera, como un pájaro que vuela, siempre he considerado su música como un pájaro, que surca los aires, pero a la vez, que llega muy hondo, que viaja al interior de los corazones humanos, por eso es tan difícil de interpretar, porque se siente, se lleva en el corazón, quizás sea esta otra de las relaciones con el Metal: se lleva dentro, se siente. Cada acorde, cada nota, cada compás, cada solo, cada canción, cada concierto…
Dejo pues la entrada abierta a la investigación metalera, para que en un futuro se busquen más causas de por qué este autor llena tanto a los Metaleros, aquí un humilde servidor del Metal, enamorado de la música de Haendel, y que hace muy poco descubrió con la boca abierta en facetas que no conocía, deja esta reseña del que para él sigue siendo el Maestro de la música más genial que existe. Otro día hablaré de Mondoville y de Ruimonte, pues puede que el primero se basara en Haendel, y el segundo, fuera tomado como referencia para el maestro alemán nacionalizado inglés, al que primero el mundo musical entero y ahora el mundo Metalero, se suman a mantener su grandiosa memoria.

Estatua de Haendel
Muchas gracias por tu grandeza, Maestro. Larga vida a la música Metalera en todos sus estilos y al más grande predecesor de la misma: Georg Friedrich Haendel.
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