I.
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E |
N toda la noche, ninguno de los Generales pudo dormir. Minis consultaba viejos documentos que había allí, mientras que Sam observaba planos de la parte superior de la Máquina. Él tampoco pudo dormir esa fatídica noche. Por su parte, Jorus meditaba y miraba el reloj a cada rato. En dos ocasiones distintas, recibieron en el puesto de Mandos noticias del exterior, proporcionadas por emisarios. En la zona central Derecha, la situación se agravó, pues los gases alcanzaron esa zona, y los pocos Agentes supervivientes quedaron recluidos a un conducto secundario, donde trataban de destruir el enorme aluvión de soldados enemigos que los acosaba. En la zona central izquierda, ya por la mañana, apenas quedaban veinte mil efectivos del Ejército de los Generales, mientras que de los Agentes, sólo cayeron diez, alcanzados por los gases. Para entonces, la destrucción de la Máquina ya había invadido toda la zona baja de la parte central, y seguía ascendiendo. Los Representantes dieron la orden, ya por la mañana de que cincuenta de los Agentes que luchaban en la zona izquierda fuesen ascendiendo hacia la parte superior. La gran mayoría de Representantes de Agentes, llegaron por la mañana al Control de Mandos.
Se hizo una última reunión, donde se decidieron los preparativos de la huida. Los secretarios y ayudantes de Sam expusieron la situación, y después hablaron los representantes de los Agentes. La huida se realizaría por el conducto lateral derecho. Los Agentes irían delante, salvando obstáculos que salieran a su paso y otros, protegiendo a Sam y su equipo y los Generales. Por su parte, los representantes de los Agentes irían detrás, protegiendo las espaldas. Los Agentes que quedaban a la izquierda irían abriéndose camino hacia la parte superior de la máquina con ayuda de dos representantes. En esas, unos emisarios fueron a avisar que parte de la pared derecha del Centro se había venido abajo, y que los Agentes que estaban custodiándola estaban rodeados. Pronto serían alcanzados por los gases de los intrusos. Se estimaba que por la tarde, los pocos soldados y Agentes que quedasen serían alcanzados por la destrucción de la máquina, y que la destrucción total, el pudrimiento de las paredes y el final de su funcionamiento tendría lugar al final de la tarde o ya anocheciendo.
Después de la reunión, Sam y los suyos fueron preparando las cosas para emprender la huida, que tendría lugar a mediodía. Los Generales Jorus y Minis también fueron preparando sus cosas. Iban a abandonar una máquina en la que durante tantos años habían estado dirigiendo en aquel puesto de Mandos. Mientras preparaban las cosas, Minis habló:
-Bueno, amigo, en estos postreros momentos para nosotros, quería recordar todos los momentos que hemos vivido juntos aquí, momentos que seguramente ya no volverán a repetirse…
-Oh, vamos-, le respondió Jorus. –Seguiremos siendo amigos, y en nuestras respectivas máquinas seguiremos viéndonos con frecuencia… Nuestro amigo nos pidió que siempre estuviésemos unidos. No lo olvides, Minis. Pasase lo que pasase. Y ahora, debemos estarlo más todavía.
-Tienes razón, Jorus-, dijo Minis. Lo haremos. Ahora, sólo pido a Dios que nos ayude en el difícil camino hacia la salida, espero que todos podamos salir vivos de este infierno…
Jorus asintió y habló así a su amigo: ‘Contamos con doscientos Agentes y treinta representantes, entre todos podrán protegernos. No te preocupes, Minis, saldremos vivos de esta… Ten confianza, sobre todo, ten confianza.’ ‘La tendré, Jorus’, habló Minis. ‘Gracias por todo.’ ‘Gracias a ti por ser mi amigo…’ Jorus dio un abrazo a su amigo. En ese momento entró Sam. ‘¿Estáis preparados? Nos vamos.’
Jorus dejó resbalar una lágrima y, cogiendo las cosas, salieron. Los Generales contemplaron por última vez aquel Puesto de mandos que habían dirigido durante tanto tiempo. La marcha comenzó. Los Agentes avanzaban delante, observándolo todo y preparados para afrontar cualquier ataque. Les guiaban un par de espías de los Generales, a pesar de que habían estudiado el camino a seguir. Los laterales de los Generales y del equipo de Sam estaban bien cubiertos de Agentes también, y los representantes formaban la retaguardia. Ya era mediodía. Llegaron a un cruce de conductos y tuvieron que esperar unos minutos a que los espías y varios Agentes fuesen a inspeccionar la zona. En ese momento llegó al cruce un pequeño grupo de intrusos, que los Agentes que estaban delante, eliminaron sin problemas. Por uno de los conductos se oyeron carreras. Creyendo que eran los Agentes, todos se asustaron y retrocedieron. Los Representantes tuvieron que pedir calma. Era un emisario de los Generales. Repuestos del susto, uno de los Agentes le preguntó qué nuevas traía.
-He venido corriendo, señor, para avisaros de que los Agentes de la zona central derecha ya han sido alcanzados por la destrucción, y totalmente eliminados.
Todos bajaron la cabeza en memoria de esos pocos Agentes que, heroicamente habían defendido esa parte de la Máquina hasta el final. Pero las noticias no acababan ahí. En ese momento, una gran columna de gas había invadido todos los accesos del Eje Central, por donde los cincuenta Agentes que estaban luchando en la zona izquierda tenían que acceder al conducto inferior de la parte superior de la máquina. Esto complicaba las cosas para estos Agentes, pues lo más seguro es que ninguno de ellos pudiera salvarse. Los Generales dieron las gracias al emisario. En ese momento, llegaron los Agentes y los espías que habían ido a explorar los túneles. ‘Hemos tenido que eliminar a dos grupos de enemigos, pero ya está todo solucionado. No hay gases por el camino.’ ‘En marcha, pues’, dijo uno de los miembros del equipo de Sam. La comitiva siguió avanzando. Media hora después llegaban a la entrada al conducto lateral derecho, el cual ya conducía directamente al exterior. Era ya el tramo final, pero los espías y varios Agentes fueron antes a investigar si había vía libre. El cruce de la entrada a dicho conducto era el más peligroso. Tenía comunicación con muchos conductos que llevaban hasta la guarida de Morris, el más fuerte y temido de los intrusos. Después de esperar diez angustiosos minutos, los Agentes y los espías volvieron. No parecía haber gases por el camino. Fueron atravesando el cruce poco a poco y entrando en el conducto que les llevaría hasta la salida fuera de la máquina, a la que le quedaban ya unas horas de vida. Ya habían entrado todos y habían avanzado un rato por el conducto cuando de repente, los representantes de los Agentes se volvieron. Un nuevo pequeño ejército enemigo se acercaba tras ellos dando gritos. Los eliminaron sin problemas, pero enseguida apareció un grupo mucho más numeroso. Muchos Agentes fueron a la retaguardia a ayudar a los representantes. Pero de repente, algunos representantes empezaron a caer fulminados. El resto se alarmó. ¿Qué estaba sucediendo? Los Agentes y representantes luchaban contra ese segundo grupo de enemigos, al cual se había unido un tercero. Nadie sabía qué pasaba. Cundió la alarma entre los Agentes, seguían luchando, pero se armó un enorme revuelo. Algunos Agentes más caían al suelo presa de convulsiones y morían. ‘¿Qué pasa?’ Gritó Sam. Al final se descubrió. Cuando los Agentes de atrás eliminaron al tercer ejército de enemigos, vieron que detrás de los caídos se iba acercando peligrosamente una columna de gas. ‘Gas, gas.’ Gritó un representante. Inmediatamente, todos, completamente asustados echaron a correr. En medio del griterío, el Jefe Sam bramó ‘¡Ordenadamente, por favor. Que no cunda el pánico. Si no huimos guardando distancias y evitando tapones no saldrá nadie vivo. Corred con orden, por favor!!!’ Los Agentes, los representantes, el equipo de Sam, los Generales y los espías así lo hicieron. Corrieron durante diez minutos hasta que llegaron a una intersección. Al llegar allí se pararon y miraron hacia atrás preocupados. De nuevo, varios Agentes y espías tenían que echar un nuevo vistazo camino adelante. Los cinco minutos que transcurrieron en esos momentos se hicieron eternos para todos los que estaban esperando. Unos murmuraban, otros hablaban preocupados. Sam tuvo que pedir silencio dos veces. A los cinco minutos, los Agentes y espías volvieron. ‘Todo en orden.’ ‘Perfecto’, dijo el General Minis. ‘Sigamos pues.’ Siguieron avanzando y al volver la vista atrás, vieron que la columna de gas que habían dejado a sus espaldas, se acercaba poco a poco. No habían terminado de pasar el cruce cuando dos columnas de humo surgieron por los laterales. Uno de los representantes dio la voz de alarma y todos echaron a correr de nuevo, pero esta vez, el gas de los laterales separó a varios Agentes y representantes del resto, quedando atrapados en el cruce, donde cayeron. Los demás corrieron, a pesar de los gritos de Sam y los Generales, desordenadamente. Todos querían huir de la columna de gas, que ahora, al ser mayor, avanzaba velozmente hacia ellos. Aún les quedaba bastante tramo hasta la salida, pero contaban con la ventaja de que ya no había ningún cruce más. Corrieron y corrieron, y veinte minutos después se pararon jadeantes y miraron atrás. Ya no se veía el gas. Sin embargo tuvieron que reanudar la marcha enseguida. ‘No perdamos tiempo’, dijo Sam. ‘Pronto tendremos otra vez el gas detrás nuestra.’ De nuevo volvieron a surgir complicaciones delante del camino. Un pequeño grupo de enemigos estaba obstruyendo el paso. Tuvieron que avanzar más lentamente, debido a que los Agentes iban eliminando a su paso a los enemigos, uno por uno. Cuando acabaron con todos, un representante miró atrás y vio que la columna de gas se acercaba a ellos imperturbable. Así pues, echaron a correr de nuevo y a los cinco minutos, divisaron a lo lejos una gran luz. Corrieron hacia ella. La luz se fue haciendo cada vez más intensa y el conducto se fue agrandando. Corrieron hacia allí y llegaron al exterior de la Máquina. Salieron precipitadamente, mientras vieron cómo el gas se acercaba invadiéndolo todo, cada vez más lentamente. Salieron al exterior y saltaron al suelo. Estaban fuera de la máquina. Se abrazaron alborozados. Estuvieron allí largo rato y luego, poco a poco se alejaron de la Máquina. Los Agentes y Representantes se despidieron de todos deseándoles suerte. Se quedaron solamente Sam y su equipo y los Generales. Fueron a tomar algo. Pero luego llegó el momento de la despedida. Sam abrazó a sus dos amigos deseándoles toda la suerte del mundo.
-Gracias por tu inmensa ayuda, Jefe Sam,- dijo Minis. Nosotros a ti también te deseamos que tengas suerte en todo, y que algún día logres fabricar Armas Químicas que logren erradicar la destrucción de las Máquinas.
-Te estamos muy agradecidos por todo, Sam,- habló Jorus. –Mucha suerte en todo y encantado de haber compartido contigo todo este tiempo en la Máquina.
-A vosotros, Generales. Seguiré investigando para que algún día logremos erradicar de raíz las guerras que están destruyendo millones de máquinas en todo el mundo…
Se dieron un abrazo y los Generales vieron alejarse a Sam y su grupo. Al quedarse solos, los Generales caminaron y fueron hablando. Ahora les tocaba despedirse a ellos. Jorus miró la hora. ‘Por la hora que es, la destrucción ya habrá acabado con todos nuestros hombres…’ Dijo conteniendo una lágrima. Minis asintió. Habían perdido la guerra por la que tanto lucharon, una guerra como las muchas que cada día tenían lugar en millones de Máquinas, la gran mayoría de las cuales se saldaban con la victoria enemiga y la destrucción de dichas Máquinas. Esta derrota había que añadirse al gran número de derrotas que estaban teniendo lugar en esos momentos en todo el mundo.
II.
Minis se echó a llorar. Jorus le abrazó. ‘¿Por qué lloras, amigo?’ Le dijo. Minis le explicó que sentía mucho haber perdido la guerra, haber defraudado a su amigo, no haber podido cumplir el deseo de ganar, tener que separarse… Jorus le habló así: ‘No te preocupes, Minis. Hemos hecho lo que hemos podido, y nuestro amigo debe estar orgulloso de nosotros esté donde esté. Hemos compartido juntos muchos buenos momentos y hemos permanecido juntos en esta guerra hasta el final. Eso es lo que importa, no el resultado de la guerra. Hemos perdido, pero podríamos haber ganado. Lo que nuestro amigo nos pidió, lo que durante toda su vida había querido es que estuviésemos unidos y que nos ayudásemos mutuamente. Nuestro amigo hubiese deseado la victoria en esta guerra tanto como la hemos deseado nosotros, pero por encima de una victoria en la guerra, está la victoria de la amistad, de la ayuda a los demás, del compañerismo… Para nuestro amigo, esa es y será siempre la victoria más grande.’
Minis y Jorus se abrazaron. ‘Tienes razón, amigo’. Dijo Minis. ‘Aunque ahora nos separemos, siempre seguiremos siendo amigos y seguiremos ayudándonos, porque ésta es nuestra victoria, la victoria de “nuestra guerra”…’ Se miraron un momento, se dijeron adiós con la mano y se fueron caminando, cada uno en una dirección.
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