I.
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AS sucesivas derrotas del ejército de los Generales sucedidas en los siguientes cinco días provocaron la vuelta al vertido de Armas Químicas. De nuevo se volvió a la situación inicial del vertido de dos horas un día cada dos semanas. Pero de ahí se tuvo que pasar a un día a la semana, con lo que las paredes de la máquina se deterioraron más de la cuenta. Los Agentes ya no eran suficientes, a pesar de que llegaban masivamente mezclados con las Químicas. Muchos murieron en esos días. El ejército de partículas se redujo a menos de la mitad, y aunque el enemigo también perdió muchas bajas, contagiaba con rapidez. Los intrusos también atacaban con fuerza, sobre todo a los Agentes. Las Armas Químicas también atacaron lo suyo sobre los intrusos, pero no pudieron con ellos. Ya no se podía ganar la guerra de ninguna forma, sólo quedaba intentar frenar el avance del enemigo lo máximo posible.
En la Sala de Mandos, Minis paseaba preocupado, mientras Jorus y Sam discutían un plan para frenar el avance enemigo por el Sur, que era la zona más alejada de los intrusos. Jorus pretendía mandar grandes ejércitos por allí, mientras se arrojaba la Química por el Norte.
-Es una locura-, dijo Sam. –Las Químicas llegarían abajo tarde o temprano.
-¿Y mandar Agentes al Sur? ¿Hay alguna manera de acceder sin perder bajas?
-Jorus, escúchame: los guerreros de Morris y sus secuaces están repartidos por toda la máquina. Hay intrusos en todos los conductos principales, y acceder por conductos menores sería una auténtica locura y supondría una masacre para los nuestros. Si no los mandamos en grandes cantidades, te puedo asegurar que no llegaría ni uno vivo abajo.
-¿Podríamos ir nosotros hasta Morris?- Preguntó de repente Minis, que llevaba tiempo dando vueltas al asunto. Jorus le miró. ¿Por qué no se les habría ocurrido?
-¿Es que queréis morir acaso? ¿Quién dirigiría la máquina si vosotros desaparecéis? ¿Qué os pidió nuestro amigo? ¿Es que acaso hay alguien más que se pueda ocupar de la máquina? ¿Cuántos hay como vosotros? ¿A cuántos conocía nuestro amigo, eh? ¿A cuántos?- La voz de Sam se quebró en sus últimas palabras. Abatido, se sentó, mientras de sus ojos cayeron unas lágrimas. –Está todo perdido. Ya no hay esperanzas. Tan sólo podemos aguantar aquí hasta…
-¿Hasta qué, Sam?- Preguntó Minis.
-Hasta la destrucción de la máquina…- Sam se calló al ver el efecto de sus palabras sobre los generales, especialmente sobre Jorus, que ya había ocultado la cabeza entre sus brazos sollozando a lágrima viva.
-Si no fuera porque… Porque te dejaba solo en el mundo, Minis, yo me quedaba en esta máquina.
-Morirías-, dijo Sam.
-No me importa, no me importa…
El General Minis se acercó a su amigo y le abrazó. –Jorus, te necesitamos hasta el final. No nos puedes abandonar después. ¿Qué diría nuestro amigo si viviese y supiese que te ibas a quedar en su máquina? ¿Qué crees que le parecería, Jorus? Ya se nos ha ido él. ¿Acaso quieres irte tú también y dejarme solo, Jorus?
Sam se levantó. Había sonado la puerta. Abrió. Un emisario entró y habló en voz baja con él. Las noticias no parecían buenas a juzgar por su gesto de alarma y preocupación.
-Muy bien, gracias-, dijo Sam. Y cerró la puerta.
-Sam, ¿qué pasa? –Dijo Minis.
-Venid-, dijo Sam. –Vamos a tomar un trago y ahora os explico…
Cuando lograron entre los dos tranquilizar un poco a Jorus y hubieron bebido un poco, Sam carraspeó antes de hablar. En primer lugar expuso la situación de la máquina según la había informado el espía que llegó. Por la parte de atrás había una zona donde las paredes se habían deteriorado mucho, y se había abierto un boquete. Esa zona estaba muy castigada por las Químicas. Por otro lado, del ejército de partículas apenas quedaban un millón de efectivos, demasiado pocos para la gran cantidad de enemigos que había. Sólo quedaban, después de reorganizarlos cinco batallones de Agentes, los cuales estaban casi todos en la zona Sur. Pero a pesar de todo, los gases de los intrusos ya habían alcanzado el conducto principal izquierdo de la zona Sur, lo cual exigía volver a verter más Química en breve. Con este último punto, gracias a la mentira que les dijo eliminó cualquier tipo de pregunta que hubiera conducido a la verdad: los gases habían alcanzado ya a los Agentes del Sur, sólo se podría verter Química un par de veces más, que destruiría a más de la mitad del ejército de los Generales, puesto que ya no quedaba tiempo para más. En un par de semanas tendrían que abandonar la máquina los Generales y él. Pero con su mentira evitó un mal mayor, pues ya estaban los ánimos demasiado por los suelos.
II.
Morris ya atacaba por el Norte. Los otros intrusos, seis en total, estaban repartidos dos en el Centro, debajo del Eje Norte, dos en la entrada al Sur y otros dos en cada conducto que conducía al Sur. Los gases se habían extendido por toda la mitad superior de la máquina, haciendo estragos en cada artefacto que encontraba a su paso. El ejército enemigo, de algo más de tres millones de efectivos, avanzaba sobre todo por el Sur. Las Químicas abrieron otros cinco o seis boquetes en los dos siguientes días. Mientras, en la sala de Mandos, Sam y los Generales tuvieron una nueva Reunión con los dirigentes de los batallones de Agentes. Se pactó con los secretarios de Sam enviar en las dos sesiones de vertidos de Armas Químicas el máximo de Agentes posibles. Se hicieron cuentas teniendo en cuenta la resistencia de los sostenes de la máquina. Sólo se podían mandar un total de medio batallón de Agentes en cada vertido. Los Generales estuvieron de acuerdo.
A los dos días comenzó el primer vertido. Los Agentes entraban en masa y accedían nadando en la Química hacia el Sur, hacia el Sur derecho, que era donde los gases no habían llegado aún a la parte más inferior de la máquina.
Desde la Sala de Mandos, Minis y Jorus, siempre acompañados de Sam contemplaban el vertido preocupados. Ya no se veía desde allí ninguna partícula afín a los Generales. Todas eran enemigas, y eran arrasadas en su mayor parte al contacto con la Química. Sam sabía que les quedaba muy poco tiempo allí. Jorus también sabía que mucho no les quedaba. El más optimista era Minis, pero Sam no quiso, al menos por el momento, quitarle las ideas. Mientras tanto, en el Sur derecho de la máquina, el medio batallón de Agentes se fue concentrando poco a poco. Las Químicas seguían abriendo boquetes y destruyendo artefactos, pero también cayeron muchas partículas enemigas. Cuando acabó el vertido, los Agentes empezaron a actuar. Los recién llegados atacaban por el Sur derecho, el resto, por el Centro sobre todo. Hubo un batallón que, con ayuda de unos doscientos mil afines, se atrevieron a penetrar en el conducto principal izquierdo de la zona Sur. Al principio, lograron avanzar hasta el primer intruso, pero allí, los enemigos les rodearon, y la Química hizo estragos en los Agentes. A los pocos días, en un informe que Sam y los Generales recibieron, se supo que todo este batallón de Agentes, así como los doscientos mil efectivos habían sucumbido. Pero al mazazo se le añadió que los gases habían empezado a entrar en el conducto inferior izquierdo de la zona Sur, expulsados por un séptimo intruso que estaba naciendo. Esto provocó que el segundo vertido se adelantase dos días, con el consiguiente peligro para la estructura de la Máquina, que ya amenazaba con venirse abajo en algunos puntos. Los gases destruyeron a dos batallones y medio de Agentes. Los soldados afines a los Generales, después de continuas luchas, eran ya menos de medio millón. Los batallones de Agentes, también eran sólo dos. Uno se concentró en el Sur derecho, el otro, en el Centro izquierdo, lejos del alcance de los gases de los intrusos.
El día anterior al último vertido, es decir, seis días después del primer vertido, en medio de una reunión con los Representantes del Ejército y de los Agentes, se informó de que el Batallón de Agentes que estaba en la zona Sur, se encontraba ya aislado del resto, y no podía pasar debido a los gases del séptimo intruso. Sólo podría abrirse paso en el vertido que tendría lugar al día siguiente.
-¿Cuántos soldados hay con los Agentes?- Preguntó Sam.
-Unos cien mil aproximadamente-, respondió uno de los Representantes. –No lo sabemos con certeza porque como están completamente aislados, no tenemos noticias de ellos. Quizá puede que haya más…
Jorus y Minis bajaron la cabeza preocupados. Ambos confiaban en que el vertido del día siguiente, el último ya abriese paso hacia este Ejército que se había quedado aislado en la zona Sur Derecha. De lo contrario, si no podían abrirse paso hacia el Centro, morirían todos. Era muy arriesgado cruzar por el conducto principal, pero era la única salida que este ejército tenía. Si no lograban llegar al Centro, morirían todos. Todos sabían que en el paso iban a morir muchos, pero era preferible que algunos se salvaran.
III.
Al día siguiente comenzó el vertido. Los Generales y el Jefe Sam contemplaban la masacre desde el Puesto de Mandos. Los Batallones de Agentes que quedarían en la Máquina después del vertido, serían un total de dos y medio. Durante el vertido, el Ejército del Sur derecho fue abriéndose paso hacia el Centro. Los Agentes en su mayoría lograron pasar, pero por desgracia, tan sólo unas diez mil partículas lograron acceder al Centro. Los enemigos crecieron en un millón de efectivos, pero sucumbieron más de la mitad por efecto del vertido. Los Agentes luchaban ya en todos los frentes, los enemigos seguían contagiando partículas sanas con rapidez y los intrusos y Morris expulsaban gases venenosos que se iban apoderando de todo y también creaban nuevas partículas contagiadas. Jorus no pudo aguantar más la terrible escena, y apoyando su cabeza en el hombro de Minis, se echó a llorar destrozado por la tristeza que invadía a todos, la tristeza de una derrota que ya se veía, que ya no se podía evitar, la tristeza de haber fracasado…
Sam se acercó a sus amigos y les habló así:
-Sé lo terrible que es esto para vosotros, pero sabed que para mí es más terrible todavía. Yo soy el propietario de las Armas Químicas y a mí me duele mucho más saber que mis armas fracasan, ya sea en esta Máquina o en otras. Las empresas de Armas Químicas tienen todas una fuerte competencia, cada vez se fabrica Química más potente y destructiva, pero mientras que no descubramos la forma de obtener una Química que no destruya las partículas sanas, siempre tendremos más posibilidades de derrota ante una guerra contra intrusos de gas. Yo también conocía a vuestro amigo, y me duele que en el caso de un amigo, hayan fracasado mis armas. Me duele…
Las lágrimas se le salieron de los ojos y le impidieron acabar la frase. Jorus se acercó a él, y sacando fuerzas de donde no las tenía, le dijo: ‘Lo siento, Sam. Siento que en esta Máquina hayan fracasado tus armas. Pero ahora no debemos pensar eso. Debemos seguir luchando hasta el final, y lo más importante: debemos infundir fuerzas en nuestros hombres, tenemos que alentarles a seguir luchando hasta el final de la guerra, no podemos hundirnos, porque entonces, nuestros soldados o dejarán de luchar, o en el peor de los casos se sublevarán contra nosotros y será el fin para todos. Nosotros tres tenemos que salvarnos, somos imprescindibles fuera de esta Máquina. Ahí fuera, hay muchas otras máquinas que necesitan de tus armas, Sam, incluso hay máquinas que necesitan dirigentes, por eso debemos salvarnos también nosotros. Ahora debemos pensar en el presente y dejar de lado un futuro que aún no ha llegado. Mira dónde estamos, Sam. Debemos pensar en cómo salir de aquí cuando llegue el momento, pero hasta que ese momento llegue, estamos en una guerra. Con lo cual, debemos seguir luchando hasta el final.’
Sam y Minis asintieron. Un emisario trajo nuevas noticias: en el Centro de la máquina se había abierto un enorme boquete. En la zona media derecha, una parte de la estructura amenazaba con venirse abajo. Menos mal que el último vertido ya había acabado… Todavía transcurrieron cinco días más antes de que el peligro de destrucción se hiciese ya inminente. En ese período de tiempo, un batallón y medio de Agentes sucumbió ante los gases mortíferos que expulsaban los intrusos, gases que ya ocupaban la casi totalidad de la máquina. Las partículas de los Generales quedaron reducidas a cien mil, concentradas en la entrada al Sur derecho, cerca de los Agentes…
IV.
Este día, los Generales y el Jefe Sam, de nuevo tuvieron una reunión con todos los representantes de los Agentes y con los dirigentes del Ejército, que eran solamente tres. Se decidió en primer lugar concentrar en un lado, concretamente en la zona central izquierda a medio batallón de Agentes y a todas las partículas del Ejército de los Generales. El resto, es decir, el otro medio batallón de Agentes, trataría de resistir en el Centro derecha, para evitar que la estructura de esa zona se viniera abajo. Decidieron hacerlo así porque si la estructura se hundía, era preferible que matase al mínimo de efectivos.
-¿Y no sería mejor mandar a parte de nuestro Ejército al Centro derecha?-, inquirió de pronto el General Minis.
-No podemos hacer eso, Minis-, explicó uno de los colaboradores de Sam. –Si hacemos eso, tus soldados serían contagiados en un santiamén, y la ocupación de esa zona por los enemigos provocaría el hundimiento de las paredes. Tenemos que enviar a esa zona únicamente un sector de Agentes que resistan mientras que no lleguen los gases a su alcance, dejando a todo vuestro Ejército con el Apoyo del resto de Agentes controlando la zona izquierda. Es la única opción que nos queda para resistir.
Al final de la reunión supieron todos que había comenzado la destrucción de la Máquina y que Sam y su equipo y los Generales debían abandonar ésta en tres días como máximo. Cuando acabó la reunión y los representantes y el equipo de Sam se hubieron ido, los Generales y éste se pusieron a debatir sobre la situación que les esperaba. Entonces, en estos momentos, ya sí que se pusieron a pensar sobre su futuro próximo, que ya se vislumbraba. Todos sabían que los pocos supervivientes que quedasen iban a morir en la destrucción de la Máquina, que ya había comenzado por el Sur y empezaba a avanzar hacia el Centro. También sabían que cuando se hubiese destruido hasta el Eje Norte, el Control de Mandos y la parte superior dejarían de funcionar, es decir, que la destrucción no tenía que llegar hasta arriba, con que abarcase hasta el Eje Norte, valía para destruirse todo.
-No tenemos otra opción-, dijo Sam a los Generales. Sólo podemos huir por la parte superior. Tenemos cinco conductos de salida en la Máquina por la parte superior. Los dos del centro están ocupados por la entrada de aire artificial que han conectado a la Máquina. Sólo podemos escapar por el conducto de abajo o por los conductos laterales. Me figuro que por ahí habrá alguna obstrucción, pues no olvidéis que Morris está en la parte superior de la Máquina, muy cerca de aquí.
Jorus llevaba un rato dando vueltas a un asunto. ‘Sam, dices que sería conveniente que los Agentes que quedasen vivos se salvasen, ¿no es así?’ Sam asintió. ¿Pues entonces, cómo pretendes que escapen?’
-Muy sencillo,- dijo Sam. –Dentro de tres días tenemos que abandonar esta Máquina, ¿no? Pues mañana damos la orden a los Representantes de que avisen a la mitad de los Agentes y para dentro de dos días, tenemos que tenerlos aquí reunidos.
-¿Por qué la mitad?- preguntó Minis.
-Porque tenemos que dejar a la otra mitad luchando todavía si queremos resistir tres días más. Si los quitamos a todos, eso supondría la destrucción total en un santiamén. Luego, como nos faltan tres días aún, dentro de dos días intentaríamos retirar a todos los que quedasen, o al menos, a la mayoría. Así es la única manera de aguantar hasta el final salvando al máximo número de Agentes.
V.
Al día siguiente se dio la orden a los Representantes de los Agentes de que retirasen a la mitad de los efectivos. La triste realidad es que tan sólo quedaban tres cuartas partes de ese único batallón que aún sobrevivía. El Ejército de partículas constaba solamente de unas setenta mil. Los emisarios informaron de que la destrucción de la Máquina había avanzado más rápido de lo previsto y ya había empezado a invadir la zona inferior derecha del Centro de la máquina. Esto trastocó todos los planes de Sam y el abandono de la máquina hubo de adelantarse un día. Los Agentes que fueron avisados tuvieron que emprender el camino hacia el Puesto de Mandos ese mismo día. El camino fue largo, duro y penoso. La gran mayoría murieron por el camino, y al Puesto Central, ya por la noche lograron llegar tan sólo unos ciento cincuenta Agentes. El resto de los que quedaban luchando, en su mayoría se encontraban en la zona derecha, tratando de evitar –ya inútilmente- que se derrumbase la pared de esa zona. En la izquierda, los pocos Agentes que quedaban –unos ochenta- y las partículas de los Generales –en torno a las cuarenta mil-, seguían luchando a brazo partido, a pesar de todo en esas terribles horas, ya cuando la destrucción de la Máquina ya había llegado a la zona Centro.
-Tenemos que abandonar la Máquina mañana-, dijo Sam. –No podremos hacer otra cosa. Escaparemos por el conducto lateral derecho, unos espías han descubierto un pequeño atajo que no ha sido contagiado por Morris. Los Agentes nos irán abriendo paso si surgen complicaciones. De los Agentes que quedan luchando, a ver si los del Centro izquierda pueden escapar por el conducto de abajo, si son capaces de llagar hasta allí. Esperemos que con veinte Agentes luchando junto con los pocos miembros de nuestro Ejército se pueda aguantar…
Los Generales se miraron, pero no supieron qué decirse. Ambos sabían que al día siguiente a esas horas ya no se encontrarían allí. Así que hicieron lo único que podían hacer en ese momento: fundirse en un largo abrazo…
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