I.

L

A noticia de una victoria en una batalla del Eje, no eludió la decisión tomada por los Generales y los representantes de Agentes de utilizar las Armas Químicas. El enemigo ya avanzaba por todos lados y la situación, lejos de mejorar, se estimaba ya casi irrecuperable. ‘A menos que utilicemos las Armas Químicas.’ Dijo Minis. Los demás asintieron con rostro grave. Jorus bajó la cabeza. ‘Pero morirán muchos de los nuestros.’ ‘No hay otra solución,’ dijo Minis tajante. ‘O utilizamos la Química o ya nunca podremos acabar con esta guerra.’ ‘Pero…’ Empezó a decir Jorus.

-No hay peros, Jorus-, dijo Minis. –Las Químicas y la victoria o la destrucción total de nuestra máquina.

Jorus asintió. Después de la reunión, Minis abrazó a su amigo, que había comenzado a sollozar. ‘Morirán muchos.’ Dijo. ‘No tenemos elección. Tenemos que hacerlo para salvarnos. Los que queden, nos agradecerán la victoria en esta cruenta guerra. Ten en cuenta que se trata de una guerra en la que sólo nuestro bando puede salir vivo. Si gana el enemigo, se autodestruirán al pudrirse las paredes de esta máquina…’

A los pocos días llegó a la sala, acompañado de una numerosa escolta el Jefe Sam. Era el dueño de las Armas Químicas enviado a la máquina para poner fin a la guerra. Lo primero de todo, se reunió con los dos Generales, con varios representantes de Agentes y algunos espías y emisarios para estudiar la situación: extensión de los ejércitos enemigos, número de efectivos del Ejército de la máquina, número de batallones de Agentes… Posteriormente, ya sabiendo la situación detallada de la guerra en esos momentos, Sam empezó las negociaciones para ver cuánta cantidad de Química se debía soltar, cada cuánto tiempo y qué tipo de sustancias se debían emplear. A partir de ese momento, Sam se encargó de todo. Estudió la situación a fondo, distribuyó los batallones de Agentes, comprobó el efecto que las armas producían en los Agentes y con ayuda de Minis, Jorus y los servicios de espionaje y la información de los guardianes, decidieron cómo y dónde distribuir a sus hombres, aunque sabían que muy pocos iban a salir vivos de la masacre. Todavía tuvieron que reunir a sus hombres dos veces más para convencerles de que había que luchar hasta el final. Cuantos más enemigos eliminasen, menos Química se soltaría. Pero Minis y Jorus sabían que no era cierto. Jorus ya veía la guerra perdida. Minis aún tenía esperanzas.

Y llegó el día. Los ayudantes del Jefe Sam fueron controlando el vertido de Armas Químicas sobre la máquina. Desde la Torre de Mando, Sam, Jorus y Minis veían los devastadores efectos que la Química estaba produciendo, tanto en los enemigos como en sus hombres. Las partículas sanas iban avanzando, luchando contra el enemigo como nunca lo habían hecho, destruyéndole al máximo. Pero cuando la química les alcanzaba, gritaban con gestos de dolor y se revolvían. Los efectos de las Armas Químicas les abrasaban hasta desintegrarlos. Muchos murieron, otros intentaban afanosamente subirse encima de los Agentes, pensando que así se iban a salvar. Pero los Agentes resistían, eran inmunes a la Química. Por tanto, al ver esto, el Jefe Sam ordenó que el resto de líquido que entrase en la máquina contuviese ejércitos de Agentes. Multitud de ellos empezaron a entrar con la Química. Mientras, los soldados efectivos iban muriendo en masa. Pero lo más espectacular eran los enemigos. Apenas eran rozados mínimamente por el líquido devastador, se desintegraban en el acto, con lo que el enemigo perdía bajas en mayor número y con mayor rapidez.

Los Agentes empezaron a atacar también a los soldados enemigos, destruyendo a gran multitud de ellos, los cuales se habían salvado del alcance de la química.

Desde la Torre de Control, Minis y Jorus contemplaban asombrados todo esto, junto con el Jefe Sam. Cuando acabó el vertido de Química, se mandó reunir a todos los supervivientes. Los espías hicieron un análisis de la situación: el enemigo había perdido más miembros que los ejércitos de Jorus y Minis.

Minis se acercó al micrófono y habló así:

-Soldados. Todos hemos luchado hoy duro. Sé que muchos compañeros han muerto debido a las Armas Químicas. Por tanto, pido tres minutos de silencio por todos ellos.

Se hizo el silencio más absoluto. Todos bajaron la cabeza. Algunos rezaban. De vez en cuando se oían sollozos por compañeros desaparecidos. Cuando terminaron los tres minutos, Jorus se aclaró la garganta y se acercó al micrófono para hablar.

-Soldados, compañeros y compañeras-. Dijo. Todos sabemos que han muerto muchos de los nuestros, y nos sentimos dolidos. Pero quiero informaros de dos cosas: la primera es que durante el vertido químico, hemos descubierto que los Agentes, como habréis podido comprobar, son resistentes a la Química. Por tanto, tomamos la decisión de soltar el resto del vertido con Agentes nadando en él, de modo que la llegada masiva de Agentes ha supuesto un importante refuerzo para nosotros…

La multitud prorrumpió en gritos de victoria, interrumpiendo el discurso de Jorus. Éste se secó el sudor de la frente, y tras esperar un minuto, intentó acallar a la multitud. Minis le ayudó, y a duras penas pudieron hacerse oír.

-Compañeros, compañeros, calmaros. Aún no he terminado-. Cuando se hizo el silencio de nuevo, siguió. –Lo segundo que quería deciros es que además de eso, según fuentes de información proporcionadas por nuestros Servicios de Espionaje y nuestros guardianes, según el recuento realizado, durante el vertido químico, ha habido mayor número de bajas en el ejército enemigo. Con lo cual… Con lo cual…

El griterío no le dejó terminar, pero esta vez se acercó el Jefe Sam al micrófono. ‘Permitidme.’, dijo. Minis le acercó el micrófono, y el Jefe Sam, con la voz más potente que jamás se hubiese oído, gritó a pleno pulmón:

-Con lo cual, se puede decir que esta batalla la hemos ganado nosotros.

-Vivaaaaaaaaa… Victoria, victoria, victoria, victoria, victoria…- Coreó el ejército.

II.

Se decidió de momento realizar el vertido químico una vez cada dos semanas. Cada vertido se realizaría durante dos horas seguidas. Se aumentó el número de Agentes que debían entrar en la máquina mezclados con el vertido. Durante los primeros tiempos, los resultados fueron parecidos a los del primer vertido. Pero pasadas unas semanas, se informó de que el ejército había disminuido considerablemente su número y el crecimiento de población era muy negativo. Por otro lado, la estructura de la máquina también empezó a dar muestras de que la Química producía daños en ella. Algunas paredes y algunos conductos aparecían quemados y desgastados, y algunos sostenes empezaron a dar muestras de que todo aquello podía venirse abajo. Los secretarios de Sam se reunían con Minis y Jorus todas las semanas y estudiaban la situación. Al principio, se decidió soltar el líquido cada vez entre distancias de tiempo más grandes, su efectividad era menos potente y el tiempo del vertido era más corto. Pero llegó un momento en que esta situación tampoco se pudo mantener, y al final, se decidió cortar las sesiones de vertido. Se hizo una reunión general de Agentes y partículas del Ejército, presididos por Sam y su equipo y los Generales de la Máquina y los Guardianes superiores.

El General Minis escuchó el informe de los secretarios de Sam visiblemente preocupado. Según sus espías, el enemigo ya ha ocupado toda la zona Este de la sección central de la máquina. ‘¿Qué podemos hacer?’ ‘Tranquilizaos’, dijo el jefe Sam. ‘Seguro que hay alguna solución. Al menos, intentemos detener el avance enemigo, aunque no lo destruyamos.’

Llamaron a la puerta. Eran guardianes de los generales. Se acercaron a Jorus y uno le dijo algo al oído. Éste, intentando tranquilizarse, se acercó al jefe Sam y le habló en voz baja. Sam se alteró, pero procurando mantener la calma, se aclaró la garganta y se dispuso a hablar… Minis preguntó intrigado qué pasaba. Jorus dio un patadón a Sam por debajo de la mesa para que no hablara. Acababa de recibir una noticia muy grave que provocaría la rebelión de los Agentes, los cuales sublevarían al ejército y asesinarían a los generales y a los altos mandos. Los ánimos ahí fuera estaban muy crispados. Pero Minis insistió:

-¡Jefe Sam!-, gritó. –Le acaban de comunicar algo grave, por lo que puedo juzgar en su rostro. Tenemos que encontrar una solución a este problema, y si ha ocurrido algo, le exijo que nos lo comunique a todos aquí y ahora.

El General Jorus bajó la cabeza. “Que no hable, por favor, que no hable…” Pensaba. Cerró los ojos…

-Señoras y señores-. Habló Sam. –Me acaban de comunicar que…- Jorus se santiguó. –Que acabamos de tener una resonante victoria en la zona Sur sobre el enemigo.

-Síiiiiiii…- Gritaron todos. Jorus levantó la cabeza aliviado. Sam había salvado la situación.

La reunión prosiguió. Sam prometió volver a soltar más química en un par de semanas, disolviendo así la reunión. La mentira de Sam impidió la sublevación de los Agentes. Pero no fue una mentira del todo, según se pudo saber después. En medio del desastre –pues un ejército enemigo avanzaba por el Centro y por las zonas cercanas al Eje arrasando con todo-, un pequeño ejército de los Generales logró ganar una batalla en la zona Sur del Centro.

-La noticia real ha sido que… han surgido otros dos nuevos intrusos. Apenas nos quedan tropas y han sido destruidos los batallones de Agentes cinco, siete, ocho, dieciséis, diecisiete, veintiuno y veinticinco. Aparte, han salido malparados otros cinco batallones. El enemigo avanza ya hacia el Eje Central. El Centro ha sido prácticamente tomado… Esa es la verdad-. Dijo Sam.

El General Minis apoyó la cabeza en el hombro de su compañero Jorus y comenzó a sollozar. ‘Hemos perdido’, dijo. Jorus también lloraba. ‘Lo sabía.’ Dijo. ‘Pero tú no me hacías caso. Yo sabía ya que íbamos a perder. Sé realista, Minis. Enfréntate a la derrota…’

-Jamás-, dijo Minis. –Nunca nos rendiremos. A pesar de todo, lucharemos hasta el final, Jorus. Tenemos que hacerlo por el bien de nuestro difunto amigo…

-Sí, Minis. Lo haremos…

Sam les dijo que él estaba allí para ayudarles. Les pidió que le contaran a quién pertenecía la máquina y por qué estaban ellos allí. Minis le contó toda la historia: la historia del verdadero dueño de la Máquina, un buen amigo de los Generales, el cual antes de morir pidió a sus amigos que controlasen su máquina. Y así lo hicieron desde hacía un par de meses antes de que comenzase la guerra. Ellos eran una copia de los dirigentes de otras máquinas como esa. Sam escuchó la historia asombrado. Él también conocía al fallecido. Había sido también compañero suyo, pero desde hacía mucho tiempo, había dejado de saber de él. Y ahora se encontraba dentro de su máquina, en la que se estaba librando una cruenta batalla que ya estaba prácticamente perdida…

Sam se unió al abrazo de los Generales. –Lucharemos-, dijo. –Hasta el final. No decaigamos. Utilizaremos todos los medios a nuestro alcance, pero resistiremos hasta que ya no podamos más…

-Sí, lucharemos-, dijo Minis. Jorus también asintió.

-Pues manos a la obra, muchachos-, dijo Sam.

Desde la ventana de la Sala de Mandos veían cómo sus soldados y Agentes libraban una cruel batalla con los enemigos, con un enemigo muy superior que crecía y crecía cada minuto, contagiando a cada paso a cientos de soldados y avanzaba rápidamente…

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