I.

H

ACE mucho tiempo, cuando las máquinas de un planeta llamado Tierra se habían vuelto completamente locas, y se destruían unas a otras, tuvo lugar en una de las muchas que había en esos momentos una cruenta guerra que, como en muchas otras máquinas de aquel entonces, le llevó a la destrucción, una destrucción masiva que durante siglos se había intentado combatir sin éxito.

La guerra que voy a narrar tuvo lugar en una de esas máquinas, que vivió hace ya bastante tiempo. Estas máquinas, en aquel entonces duraban en torno a los 80 años. La máquina referida no tenía tantos años, tenía unos veinte. Podría parecer por tanto, bastante nueva. Era como todas, con una bomba central que llevaba el agua a todas partes, controlaba el aire… En el control de mandos, como en todas, había un encargado que se ocupaba de manejar todo el funcionamiento de la máquina.

Pero este caso era diferente. La persona que desde siempre había manejado los mandos de la máquina, ya no estaba. Ahora había dos encargados, de los cuales voy a hablar, porque son dos de los protagonistas principales de esta historia. Se llamaban Minis y Jorus, y eran dos expertos Generales retirados. Tomaron el mando de la máquina porque accedieron a ella al morir el antiguo encargado. La máquina se encontraba en un estado bastante deteriorado a pesar de sus pocos años.

La causa de este deterioro había sido el nacimiento de un intruso en la máquina a raíz de un fallo en la administración de agua. El intruso, que ya se había formado, era un monstruo enorme de color negro, que se “hospedaba” bajo el control de mandos, en un hueco bien escondido. Este monstruo lanzaba gases que iban destruyendo las instalaciones de la máquina al contagiar a todos y cada uno de los seres microscópicos que daban forma a la máquina. El intruso ya había empezado a exhalar gases hacía algún tiempo, y muchos de los seres microscópicos se habían contagiado y empezaron a atacar a los seres sanos, llamados partículas.

La noticia de esta invasión llegó a oídos de los Generales, a través de sus emisarios. El Intruso se ubicaba en algún lugar bajo el control de mandos, pero no se movía. Permanecía fijo y sólo daba órdenes a sus soldados. Éstos ya habían empezado a avanzar y estaban a punto de salir del núcleo Central de la máquina.

El General Jorus, por tanto, convocó a todo el ejército de partículas en Asamblea y les puso en conocimiento de la situación.

-Soldados, supongo que todos os habréis enterado de la existencia de un Intruso en nuestro territorio. Este intruso, que se hace llamar General Morris ha empezado a invadir nuestro territorio lanzando gases venenosos que os transforman en enemigos mediante el embrujo. Nadie contagiado ha podido librarse de su poder hipnótico, y como sabéis, los afectados se transforman en enemigos que sólo cumplen sus órdenes y son programados para atacarnos. Al que atacan, se transforma en uno de los suyos. Sólo podremos destruirlos de dos formas. O matándolos a todos y destruyendo a Morris o a través de las Armas Químicas. Estas armas destruyen todo tipo de partículas, con lo cual, sólo las utilizaremos en caso de extrema necesidad. Solamente Minis y yo sabemos dónde están. Si alguno las descubre y tiene la tentación de usarlas, que sepa que no sólo matará al enemigo, sino que matará también a todos los compañeros afectados.

Minis esperó a que cesasen los murmullos de unos y el griterío de otros, y entonces habló:

-Soldados, Todos sabemos ya lo que tenemos que hacer. No nos dejemos aplastar por un tirano que sólo pretende destruirnos. Tenemos que plantarle cara y aniquilar a su ejército empleando nuestra fuerza y nuestra astucia-. De nuevo esperó a que cesase el tumulto de gritos. Una vez que se hizo el silencio más absoluto, siguió hablando. -Deberemos luchar con ayuda de los Agentes de Emergencia. Todos los días llega un batallón de ellos. Con su ayuda, podremos ir eliminando poco a poco a nuestros enemigos. Para poder hacerlo, cada miembro de nuestro ejército irá escoltado por un agente y le llevará hasta el enemigo. Las partículas enemigas no pueden hacer nada contra los Agentes, pero que sepáis que todo aquél que sea hipnotizado por el enemigo, será destruido también por los Agentes. Con lo cual, id bien protegidos con ellos y dejad que el Agente haga todo.

Una de las partículas se alzó sobre otras para hacerse oír y dijo:

-General, todos estamos enterados ya de ante qué clase de enemigo luchamos, pero queremos saber la extensión aproximada de territorio enemigo y por qué puntos podemos atacar con mayor efectividad.

Esta vez habló Jorus. –Soldados-, dijo. –Hemos de mantener la calma ante todo. Nuestros espías nos informan de que la extensión actual de territorio invadido se encuentra ya en los límites del Núcleo Central. Están avanzando lentamente porque han tomado poco territorio. Pero en el momento en que se extiendan un poco más, avanzarán más rápido. No olvidéis que avanzan a través del contagio, como una peste, consecuentemente, cuanto más territorio invadan, más rápido avanzarán.

Jorus volvió a ceder el turno al General Minis, mientras trataba de acallar de nuevo el griterío. Minis le miró nervioso. Lo que iba a decir ahora podría levantar protestas y gestos de preocupación a sus soldados, pues el asunto, ya tan pronto, parecía grave.

-Soldados-, habló el General Minis. -La situación es un tanto delicada. Este tipo de guerras, no sé si alguno sabrá que son difíciles de resolver. De hecho, casi ninguna se gana del todo y victorias, hay muy pocas. ¡Os informaremos de la extensión de la invasión periódicamente, pero debéis tener en cuenta desde ya que si el enemigo avanza un poco más allá del Núcleo Central, y sobre todo, si llega hasta la Bomba de agua, toda la estructura de nuestra máquina podría peligrar seriamente!

-Hay que acabar con ellos. Muchachos, no nos dejaremos aplastar por un tirano-. Gritó el que había preguntado antes.

-¡Ataquemos directamente a Morris! Es la mejor solución-, exclamó alguien de atrás, con lo que el griterío se hizo ensordecedor. Los de atrás empezaron a corear esta última frase. Minis perdió la paciencia y Jorus no podía contenerlos. Algunos se abalanzaron por la escalera, pero los agentes de Jorus los detuvieron y los echaron atrás, alejándolos de la escalera de acceso al control de mandos.

-¡¿Estáis locos?!- Gritó Minis fuera de sí, de modo que Jorus tuvo que cogerle por los hombros y calmarle. –Ni se os ocurra tamaña estupidez. No podréis acceder hasta allí así como así. Los soldados enemigos se encuentran apiñados cerca de su jefe. Éste está bien protegido, y con agentes o sin ellos no podréis acceder hasta allí.

Jorus prosiguió. –Sólo hay una forma de acceder hasta Morris: abriendo brechas en el ejército que le rodea. Y esto no es nada fácil, pues necesitaríamos un gran número de efectivos. No sólo se trata de abrir una brecha, sino que además, deberéis hacerla lo suficientemente ancha como para que no se puedan volver a juntar a vuestras espaldas. Y ese es el segundo problema: mientras dure la expedición, hacen falta soldados que impidan el avance del enemigo por los flancos. Si os cierran por la espalda, la expedición entera está perdida. Debéis por tanto, ir también en bloque intentando no separaros mucho.

-Ánimo, muchachos, vamos a conseguirlo-, gritó de nuevo la primera partícula. Los cabecillas se alzaron y levantaron los puños. Todo el ejército alzó los puños y coreó los gritos. Jorus y Minis, de nuevo tuvieron que sudar la gota gorda para lograr acallar el estruendo.

-Soldados-, habló otra vez Jorus. –No debemos olvidar tampoco que, según nos informa nuestro servicio de espionaje, el enemigo avanza en torno a los 15 centímetros por semana. Es un avance exageradamente grande. Llevamos ya más de dos semanas desde que comenzó la invasión. Con lo cual, debemos actuar rápida y eficazmente. Por la zona Sur podremos avanzar más rápido. Por el Norte, convendría apostar algunos batallones. Pero sobre todo, defendamos el Eje Norte, reforcémoslo. No deben pasar de ahí por nada y ante nada…

El griterío le obligó a interrumpir la frase. Minis, esta vez, alzó su voz por encima del ensordecedor griterío y gritó con todas sus fuerzas: -Soldados, el enemigo está ahí. Vayamos a por ellos.

Todo el ejército salió precipitadamente de allí. Afuera, por varios conductos iban llegando nuevos batallones de Agentes. Cada partícula se adosó a un agente, y las que no se pudieron adosar, que eran una gran mayoría, se retiraron hacia el Eje Norte o hacia el Centro de la máquina.

II.

En el Puesto de Mando, Minis se sentó mareado. Jorus le llevó un poco de agua y le tranquilizó. Minis miraba el plano del lugar mientras Jorus manejaba los mandos de la máquina. ‘Va a ser difícil llevar esta empresa a cabo.’ Comentó Minis. ‘¿Por qué? Todos sabemos la dificultad, pero yo tengo plena confianza en los organizadores de nuestro ejército. Ellos saben lo que hacen.’

Minis levantó la vista del papel y miró a Jorus. –No es sólo la confianza o no confianza, Jorus. Se trata también de poder llegar hasta Morris y destruirle. Al ser una plaga que se expande, el peligro es mucho mayor, pero al expandirse por contagio, es mucho peor todavía…

Jorus respondió: -Mira, tenemos muchos Agentes que pueden destruir las partículas enemigas, y disponemos de un ejército muy superior al enemigo. Si concentrásemos el mayor número posible de partículas por encima del Eje Norte, podríamos eliminar al enemigo.

-¡Jorus, no seas loco!-, exclamó su amigo. -¿Y los gases de Morris? ¿Y las partículas que se contagian? ¿Sabes cuántas partículas nacen en este momento? ¿Sabes cuántas se contagian? Muchas más, Jorus, muchas más. Cada día perdemos en torno a los 10000 efectivos. Ante tales pérdidas, ¿crees tú que se puede ganar la guerra tan fácilmente? ¿Crees que se puede?

Un emisario llamó a la puerta. El guardián abrió. ‘Pasa, pasa. ¿Qué nuevas traes?’ Quien habló así fue Minis.

-Señor, ha sucedido una catástrofe. Se nos ha informado de que Morris está engendrando un semejante en uno de los conductos principales que llevan al Eje. Por otro lado, el enemigo ha destruido dos legiones enteras y ha penetrado en uno de los conductos de bajada al Eje…

Minis miró a Jorus con un gesto de alarma. La destrucción de sus soldados no era tan grave como la aparición de otro intruso.

-Ordena a cinco legiones de Agentes que vayan al lugar donde está naciendo el engendro. Que se acerquen con cuidado. Si pueden destruirlo, que lo hagan, pero con mucho cuidado. No sabemos qué poderes puede tener un bicho de esos.

-A la orden, señor-.Dijo el emisario. Y se retiró. El guardián cerró de nuevo la puerta.

Minis miraba por la ventana. -¿Tienes algo que decir, Jorus?- Entonces se dio la vuelta y miró a su amigo. Éste había enterrado el rostro entre sus manos y sollozaba.

III.

Pasaron los días. Después de esto, tres batallones afines a los Generales obtuvieron resonantes victorias sobre el enemigo y habían empezado a abrir el cerco para acceder a la guarida de Morris. Las bajas, sin embargo, aumentaron considerablemente en esos días, se descubrió que los Agentes eran contagiados por Morris por efecto de los gases que éste desprendía. La noticia triste fue que el engendro se acabó de desarrollar y empezó a atacar: contagió una legión y destruyó a gran número de Agentes que se encontraban en el conducto con el fin de destruirle.

Minis y Jorus convocaron en una nueva asamblea a todo el ejército y a los Agentes. La situación, lejos de mejorar con las victorias del ejército, había empeorado con el surgimiento de un nuevo intruso. En la sala de mandos, tan sólo se encontraban Minis y Jorus. Esta vez, eran cinco los guardianes que vigilaban la entrada, y había un gran número de ellos apostados en la escalera, para evitar que alguna de esas partículas que iban entrando en la Sala Central pudiese deslizarse y acceder al Puesto de Mando. La multitud irrumpió hablando y haciendo comentarios, pero en riguroso orden: otro gran número de guardianes controlaban la entrada y estaban distribuidos por todos los rincones de la sala para poner orden. Dentro de la sala de Control, Jorus miraba nervioso la entrada de sus tropas. Comprobó que los altavoces iban correctamente. Sus manos jugaban nerviosamente con un papel. Minis puso su mano derecha en el hombro de Jorus. ‘Tranquilízate’, le dijo. ‘Todo va a salir bien.’ Sin embargo, Minis también tenía en el rostro un cierto temor. Las tristes derrotas de los últimos días eran muy preocupantes.

Cuando acabaron de entrar todos y se hizo el silencio, Minis aclaró la garganta, se acercó al micro y empezó a hablar.

-Soldados-, dijo. –Todos somos conscientes de los tristes sucesos ocurridos en los últimos días. Supongo que todos sabéis acerca del nuevo engendro que se ha desarrollado en el Conducto Principal Oeste del Eje. Es tan peligroso como Morris y ha destruido a un gran número de Agentes. Las bajas de nuestro ejército ya arrojan un saldo negativo de población de partículas. A pesar de todo, no debemos olvidar que hemos ganado tres importantes batallas y hemos conseguido abrir el cerco y avanzar hasta la guarida de Morris. Pero también habéis de saber que…

Minis calló el resto de la frase y Jorus le miró nervioso. ‘Habla.’ Se oyó una voz entre la multitud. ‘¿Qué pasa?’ Exclamaron otros. El griterío creció y se hizo ensordecedor. Todos querían saber qué pasaba y por qué su General se había callado.

-Soldados-, continuó Jorus. –Todos sabíamos que hasta ahora, el enemigo no podía eliminar a los Agentes. Y sin embargo, muchos enfermaban, pero lejos de contagiarse, morían. No sabíamos, ninguno lo sabía a qué se debían estas muertes. Lo que mi compañero quería decir es que ahora, ya sabemos por qué mueren…

El griterío se hizo otra vez y los guardianes tuvieron que actuar en varios puntos de la sala. Cuando el silencio volvió a reinar en el habitáculo, Jorus prosiguió.

-Los Agentes enferman y mueren por… por…- Jorus vacilaba y Minis, levantándose, con voz segura y sangre fría, gritó:

-Soldados, cuando hemos abierto el cerco de Morris hemos descubierto la causa de las muertes. Todos sabemos que Morris expulsa gases que os contaminan. Bien, pues esos gases… son la causa… de la muerte de nuestros Agentes.

El griterío volvió a crecer de nuevo. Todos gritaban, todos querían salir de allí. Unos cuantos forcejearon con los guardianes y éstos se vieron obligados a responder a la lluvia de golpes que les caía. Muchas partículas murieron en los enfrentamientos. Mientras tanto, junto a las escaleras del Control de Mandos, un grupo de partículas se enfrentó a los guardianes de las escaleras gritando que los Generales eran los culpables de las derrotas de los últimos días. Los guardianes actuaron con efectividad y todo el grupo de partículas que intentaba entrar, fue detenido y sacado de allí. Cuando por fin se consiguió despejar la sala de intrusos, se hizo el silencio y la sesión prosiguió. Jorus miraba espantado el desolador panorama. Al menos una cuarta parte de la gente faltaba en la sala. Se encontraba en el exterior, muertos, heridos o simplemente, detenidos por los guardianes.

Minis prosiguió hablando. Esta vez empezaron a lloverle un aluvión de preguntas. Si se podía acceder a Morris, si podían entrar Agentes invulnerables a los gases de los intrusos, qué pensaban hacer con las Armas Químicas… Minis fue respondiendo poco a poco, con ayuda de Jorus. No, de momento no había Agentes invulnerables a los gases. Las Armas Químicas, de momento no se utilizarían. No, por el momento, no había otra forma de acceder a Morris.

Los días pasaron. El enemigo avanzaba ya por todos los frentes. Las bajas aumentaron considerablemente. Para empeorar las cosas, durante un tiempo dejaron de venir Agentes. La situación ya era preocupante. Los dos intrusos seguían destruyendo poco a poco Agentes y contagiando partículas. Los emisarios de los Generales, cada día traían peores noticias. Entonces se empezó a hablar de las Armas Químicas.

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